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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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03 Agosto 2017 04:00:00
Basura
Hace algunos años una persona compró una cámara fotográfica digital de último modelo, lo más avanzado que había en esa época, y uno de sus amigos le comentó que “era basura”, a lo que el primero, sorprendido, le cuestionó el porqué de esa afirmación si le había costado una buena suma de dinero, pero la respuesta que recibió fue contundente.

Su interlocutor expresó: “Dentro de poco tiempo habrán salido nuevos modelos, se quedará obsoleta y no valdrá casi nada”. Y tal como lo dijo, sucedió: al poco tiempo salieron nuevos modelos, mejoraron el sensor y el software, la tecnología avanzó y al ofrecer la cámara, a lo mucho le ofrecían 4 mil pesos, poco le faltó para que se le pudiera llamar basura.

Así sucede también con otros aparatos electrónicos como los sintetizadores, celulares, televisores, computadoras, e incluso tabletas: en su momento son lo máximo y unos meses después sale un nuevo modelo con más aplicaciones o mejoras que los deja en el olvido; las innovaciones se vuelven tan atractivas que nos hacen creer que las necesitamos.

En el caso específico de los teléfonos celulares, vemos que su vida útil por lo general es de dos años y a la basura, ya sea porque los sistemas operativos ocupan más memoria y los equipos no lo soportan o porque la gente busca reemplazarlos por un modelo más nuevo con mejor cámara, más memoria o una pantalla más grande, o por lo común: dejan de funcionar, se rompen o doblan.

Ya no se hacen las cosas como antes, que se hacían para durar toda la vida; esas eran cosas buenas. Tal es el caso de una batidora que tenemos: en los años 40, después de la guerra, acompañé a mi madre a Monterrey a comprarla, una Hobart que, a pesar de su más de 70 años de uso, sigue en perfecto estado; claro, con el paso de los años algunas piezas se han desgastado y se han mandado a hacer, pues ya no hay refacciones, pero el motor sigue funcionando a la perfección. Está hecha con toda la mano.

A pesar de lo buenos que eran los productos del pasado, un fabricante me comentaba que tenían que hacerlos así para que los clientes los volvieran a comprar, de lo contrario, les venderían sólo un producto para toda la vida y su negocio se acabaría, por ello calculan que tengan cierto tiempo de vida y así el cliente regrese a comprar un modelo más reciente.

En el caso de los muebles, estaban hechos de tal manera que podían durar años sin mostrar desgaste alguno; los dueños se aburrían y no los cambiaban porque estaban en muy buen estado. Los muebles de ahora están hechos con aglomerado, son ligeros y al poco tiempo se doblan o se rompen, por lo que tenemos que comprar nuevos modelos a bajo costo, por eso no nos molesta cambiarlos.

Un fabricante me comentó que ellos no viven de satisfacer necesidades, sino de crear necesidades para que los clientes consuman lo más nuevo y tal vez las mejoras al producto no sean como para reemplazar el que tenemos, pero lo hacen tan atractivo que muchos se compran lo más nuevo por creer que lo necesitan, aunque en realidad no es así.
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