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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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06 Septiembre 2017 04:00:00
Berrinche de Anaya
Mientras Ricardo Anaya hacía berrinche, la sensatez vino de Morena. Sí, el partido de Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el defensor de las instituciones. Ayer la coordinadora del Movimiento de Regeneración Nacional en la Cámara de Diputados, Rocío Nahle, se reunió con el representante del PRI, César Camacho, y los del Partido Verde, Nueva Alianza y Encuentro Social en una sesión de la Junta de Coordinación Política que se realizó sin convocatoria del presidente de la Junta, el perredista Francisco Martínez Neri, aliado de Anaya.

El presidente del PAN ordenó a los diputados de su partido que se abstuvieran de participar en la Jucopa o permitieran la conformación de la mesa directiva de la Cámara de Diputados. Lo mismo hizo en el Senado, pero un grupo de legisladores panistas desobedeció y voto a favor de la constitución de la mesa del Senado bajo la presidencia del panista Ernesto Cordero. Un furioso Anaya ha ordenado una campaña de desprestigio contra Cordero y los otros senadores panistas que no se plegaron a sus órdenes.

La decisión de Anaya de bloquear la integración de la mesa directiva, en la que ha contado con lo que queda del PRD y con Movimiento Ciudadano, podría tener consecuencias negativas importantes. Sin una mesa directiva, no puede haber convocatorias a sesiones ni trabajo de comisiones. No podría recibirse el paquete de presupuesto que por mandato constitucional debe someter el ejecutivo al Congreso el 8 de septiembre. Algunos legisladores y juristas sostienen que habría una crisis constitucional.

A Anaya no le ha importado. Él dice que todo se vale para impedir que el procurador Raúl Cervantes sea nombrado fiscal general. Lo curioso es que como diputado y como presidente del PAN, Anaya respaldó todos los votos que crearon ese pase automático. Hoy dice que no se dio cuenta: “Fue un dardo envenenado en una minuta que era muy compleja y que traía cosas de enorme trascendencia” (La Razón, 5.9.17).

Anaya quiere enmendar su supuesta falta de atención tomando como rehén a la Cámara de Diputados y al país. Está más interesado en presentarse como un guerrero hostil, dispuesto a destruir cualquier acuerdo con el PRI, que en tomar medidas sensatas para impedir que Cervantes llegue a ser fiscal general. No olvidemos que el Presidente mandó al Senado en noviembre de 2016 una iniciativa para eliminar el transitorio que establece el pase automático y que el propio procurador señaló que estaba dispuesto a hacerse a un lado. Anaya, sin embargo, prefiere presentarse como un furioso energúmeno que manda al diablo las instituciones.

En este ambiente crispado surge una nueva y sorprendente figura de respeto a las instituciones: Rocío Nahle, la coordinadora de los diputados de Morena, quien supongo no pudo haber actuado sin la aprobación de Andrés Manuel López Obrador. En el momento en que escribo no ha habido todavía un voto que destrabe la conformación de la mesa directiva. Anaya y su gente descalifican todo esfuerzo por regresar al marco constitucional y afirman que Morena está apoyando la designación de Cervantes a la Fiscalía. La diputada Ernestina Godoy de Morena, sin embargo, responde con talante democrático: “No estamos en una dictadura donde de un plumazo se
desaparece prácticamente al Congreso. Tiene que haber altura de miras”.

Qué pena que el presidente del PAN haga alarde de una berrinchuda intransigencia. Qué bueno que Andrés Manuel y sus diputados han salido a defender la democracia y sus instituciones.

Otra vez ilegales

Donald Trump ha terminado el programa DACA de Barack Obama que suspendía la deportación y permitía el trabajo de los “dreamers”, que llegaron a Estados Unidos cuando niños. Cuando menos 787 mil jóvenes son nuevamente ilegales.
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