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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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31 Enero 2017 04:00:00
Bipartidismo en riesgo
La designación de candidatos al Gobierno dividió al PRI y al PAN, todavía hoy las principales fuerzas políticas del estado. El PRI se escindió desde un principio. La preferencia de Rubén Moreira por Miguel Riquelme provocó renuncias de militantes históricos como Javier Guerrero, quien competirá por la vía independiente en las elecciones del 4 de junio. La senadora Hilda Flores y el diputado Jericó Abramo declinaron por falta de equidad y para no legitimar el ungimiento de Riquelme. Enrique Ochoa, líder del PRI, ignoró las demandas de “piso parejo”, hizo mutis y ahondó la división.

El conflicto escaló a la administración. En agosto de 2015, Noé Garza Flores (NGF), expresidente estatal del PRI, fue despedido como secretario de Desarrollo Rural tras manifestar su deseo de ser gobernador. Poco después, el Grupo de Armas y Tácticas Especiales (GATE) detuvo a su hijo Noé Fernando Garza por supuestos delitos contra la salud. Pasó 8 meses en prisión. NGF denunció que el GATE le sembró droga a su hijo, renunció al PRI y perfiló una candidatura sin partido, la cual no concretó.

Mientras el Gobierno de Peña y el PRI se desfondan, el PAN apuesta todo a la alternancia. Luego de ganar siete gobiernos el año pasado –de 12 en juego– y de elevar sus posibilidades para competir por la Presidencia en 2018, Ricardo Anaya puso la mirada en Coahuila, Estado de México y Nayarit. Aquí abrió las puertas a todos los aspirantes (en total se anotaron seis), mientras el PRI las cerraba a quien fuera ajeno al proyecto del gobernador.

El siguiente paso que dio el PAN consistió en definir el método. Para tener un candidato competitivo y lograr la primera alternancia en Coahuila –como el año pasado sucedió en Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz–, se acordó aplicar encuestas para conocer: a) el posicionamiento de los aspirantes, b) la intención de voto, c) las ventajas y desventajas de cada uno de ellos, y d) la opinión de sectores no partidistas.

Guillermo Anaya (exsenador), Isidro López (alcalde de Saltillo), Luis Fernando Salazar (senador), Silvia Garza (senadora), Gerardo García (alcalde de Monclova) y Marcelo Torres (exdiputado federal) estuvieron de acuerdo. El compromiso era alzarle el brazo al ganador para enviar un mensaje de unidad. En procesos estatales, municipales y distritales previos la división se tradujo en fracasos para el PAN.

Si Anaya era el proyecto lagunero y López el capitalino, ¿por qué al final se anotaron seis? La respuesta se halla en las elecciones de 2016. Ganarle al PRI en bastiones históricos entusiasmó a otros cuatro; sobre todo a Salazar, quien todavía a mediados del año pasado era el tándem de Anaya.

Salazar buscó ser el candidato al ver que entre 2015 y 2016 media docena de compañeros suyos dejaron el Senado para convertirse en gobernadores (Francisco Domínguez, de Querétaro; Carlos Mendoza, de Baja California Sur; Martín Orozco, de Aguascalientes; José Rosas Aispuro, de Durango; Javier Corral, de Chihuahua; y Francisco García, de Tamaulipas). Una encuesta de El Financiero (13.1.17) entre panistas perfiló la decisión del CEN: Anaya obtuvo el 62% de las preferencias, Salazar el 12% e Isidro López el 10 por ciento.

Sin embargo, el PRI y el PAN ya no son los únicos jugadores. Las candidaturas de Javier Guerrero (independiente) y Armando Guadiana (Morena), respaldada por Andrés Manuel López Obrador, representan un riesgo para el bipartidismo en el estado.
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