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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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09 Julio 2017 04:00:00
Bomba Social
‘La Bomba Social’, una caricatura que ha tenido gran impacto en diarios norteamericanos, muestra una copa de champaña sin la base: El 20% de estadounidenses -la champaña- posee el 80% de la riqueza del país, mientras que el 20% restante -el pie de la copa- es distribuida en el 80% de la población. ¿Cuánto tarda una copa en caer cuando no tiene base para sostenerse?

Si la riqueza es mal distribuida en E.U., el país que se dice poseedor de las condiciones de vida más justas y equitativas, ¿qué podrá decirse del resto de las naciones del mundo? En algunos países subdesarrollados se estima que la riqueza está concentrada en el 2% de la población, mientras que el 98% de los habitantes vive solo de las migajas.

Durante las campañas políticas para la presidencia de los Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos coincidieron en un punto que afectará a millones de norteamericanos e inmigrantes. A cambio de no subir impuestos, ambos partidos se declararon a favor de un recorte masivo del presupuesto federal a servicios sociales y humanitarios. Los mayormente beneficiados serán los inversionistas de las grandes corporaciones. Los más perjudicados serán los que menos tienen: Millones de niños descenderán al nivel de extrema pobreza al faltar la asistencia federal.

Los politólogos han comentado que los países ricos están adquiriendo las características de los países subdesarrollados: La brecha se amplía entre los que tienen en exceso y los que no tienen lo suficiente para vivir. Algunos culpan a la globalización del mercado por las condiciones ‘tercermundistas’ que ya empiezan a conocer y lamentar.

Aunque la calidad de vida de la gran mayoría de estadounidenses es considerada aceptable, más bien envidiable en términos económicos, existe un temor, una inquietud permanente en las personas de perder el empleo. Observan con nerviosismo extremo situaciones en las que los poderosos consorcios reducen de un plumazo dos terceras partes del personal para ahorrar costos de operación: La computarización y robotización suplen cada vez más al humano.

Es un hecho irrefutable que a pesar del gran incremento en el comercio mundial y la riqueza que genera, existe el temor de que la siguiente generación será más pobre que la presente. El poder económico se concentra en unos cuantos, mientras que millones se quedan sin empleo. La nueva cultura global estigmatiza a los empleados mayores de 45 años considerados ‘ancianos’ en términos de competitividad. El perder el empleo al llegar a esa edad es recibir el ‘beso de la muerte’: Perder casa, coches, aparatos domésticos, etc., pagaderos a plazos. Es casi imposible conseguir otro empleo al mismo nivel: Ingenieros químicos nucleares y pilotos de jets de 50 años pueden encontrarse de vendedores en tiendas de deportes.

Los economistas de los países más desarrollados aseguran que las próximas generaciones tendrán menos capacidad económica solo si fracasan en trabajar con el grado de desarrollo intelectual y el empeño que lo hicieran las generaciones pasadas. Los países ricos, aseguran, se mantendrán ricos si trabajan más y mejor que los países en desventaja. Afirman que puede ser injusto, pero es la manera como se mueve el mundo actual. La productividad, declaran, es un término espantoso nacido de una ciencia cruel, pero es la diferencia básica entre una sociedad rica y una pobre.

Los países ricos se hicieron poderosos no por sus vastos recursos, -otro países también los tienen y son pobres- sino porque saben producir más, y con mayor eficiencia. Conocen de primera mano lo que significa producir más y mejor: Las poderosas compañías cierran sus fábricas en el país de origen para instalarse en países subdesarrollados en donde puedan pagar sueldos a nivel de pobreza, y sin ‘problemas legales´ de contaminación ambiental.

Diversos grupos de acción cívica en Norteamérica han protestado por la importación de productos baratos elaborados en países que violan los derechos humanos y las leyes laborales:

“Rechazamos tanto los extremos del capitalismo como del comunismo. Abogamos por una sociedad perfecta donde exista un equilibrio entre una completa estabilidad económica y un respeto absoluto a la dignidad de la persona”.

¿Cómo lograr una sociedad perfecta? El mundo ya ha visto el lado obscuro del comunismo y del capitalismo. Está convencido de que debe crear un sistema mejor que el de buscar la ganancia propia a costa de la pobreza ajena. Es urgente crearlo ya. La Bomba Social está a punto de explotar.

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