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Armando Luna Canales
Armando Luna Canales
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29 Junio 2016 04:08:42
Brexit
La demagogia si cuesta. Y en el caso de Gran Bretaña le ha costado al mundo. Cuando los griegos amenazaron con salir de la Unión Europea el populista Tsipras se quedó corto y tuvo que doblegarse ante la crisis económica. Pero Gran Bretaña es otra historia. Cuando David Cameron buscaba su reelección resultó atractivo proponer un referéndum. Seguramente jamás pensó que ganaría la salida de la Unión.

Desde el año 1066 en que el Duque de Normandía Guillermo Plantagenet, El Conquistador, venció a los nativos y conquistó la Gran Bretaña, la relación entre el continente y la isla ha sido intensa. En no pocas ocasiones coronadas las tensiones con guerras que duraron décadas.

Esta relación tiene varias ópticas, es conocido que cuando el mal clima suspendía el transporte en el canal de la mancha, los noticieros referían que el continente se encontraba aislado. Pero estas distintas versiones la continental y la británica se habían procesado y convertido en un esquema de desarrollo y bienestar. La Unión Europea, creada para evitar guerras, era un espacio que hacía de Europa un espacio de prosperidad al mismo tiempo que constituye un bloque económico frente a otras potencias.

Todo esto está en riesgo, la inminente salida de Gran Bretaña de la Unión trajo como consecuencia inmediata la caída de bolsas y el desplome de muchas monedas. Al dinero no le gusta la inestabilidad. Pero junto a lo económico se desataron otros fantasmas que hacía décadas estaban enjaulados. Escocia pide un referéndum para salir del Reino Unido. En España se escuchan voces que reclaman el Peñón de

Gibraltar. En Holanda se pide una elección similar para votar sobre la permanencia.

Como sucedió en su momento con el Sacro Imperio Romano Germánico, Europa corre el riesgo de perder una unidad territorial y económica para convertirse en un territorio dividido entre tantas naciones y países como pudiera quererse imaginar. La caída de imperio resultó el siglos de guerras, que no culminaron hasta después de la barbarie de las dos guerras mundiales.

En Gran Bretaña ya hay quien pide un nuevo referéndum para anular el resultado del primero. Los británicos parecen haberse dado cuenta de lo que hicieron bajo el demagógico programa de Cameron.

Hoy Cameron ya presentó su renuncia. Muchos británicos saben que su futuro como nación y su prosperidad están en juego. En 1870 Edmund Burke escribió sobre las causas del descontento del pueblo inglés.
En aquellos momentos la inconformidad llevó a una revolución, ahora se canalizó a un referéndum sobre la Unión Europea.

El amago griego debiera haber alertado a todo mundo. Pero dejaron pasar y ahora están aquí las consecuencias. Este populismo es igual al de todo el mundo. Reconoce y explota el descontento y ofrece una solución mágica para los problemas.

Lo que queda es observar de cerca y esperar que no trascienda. Pero en lo local, si le proponen solucionar sus problemas por graves que sean con un sencillo sí o no, o con un cambio o no cambio, o con una alternancia o permanencia, desconfíe. Detrás de la solución fácil a problemas complejos está el populismo que hoy tiene en jaque al mundo.



Ch






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