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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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25 Octubre 2015 02:10:16
¡Bríncale Farino… bríncale!
Según Gualenche, la cerca de don Joaquín estaba “letrizada”… porque daba toques.

-¿Y tú sentiste?

“Yo lo sentí… de güenas que alcancé a quitarme, porque capaz que me achicharra”.

Se hizo pues la leyenda.

Un batazo de faul, la pelota de hule se va para el patio de don Joaquín y doña Carmelita, ¡y adiós!… ni manera de brincar la cerca, porque te chichinabas.

Perdimos no menos de 20 o 25 pelotas…

Pero ocurrió, como suele ocurrir, que un día decidimos desafiar aquella mítica cerca… claro, tampoco era cosa de que arriesgáramos todos el pellejo.

Un faul bateado por el Chino Edy… una pelota prestada que teníamos que regresar de a fuercita… y la llegada de Farino.

“Hey Farino… ¿Te pasamos al otro lado de la cerca pa´traer la bola, padre?”

La sonrisa del mojino lo dijo todo: No estaba dispuesto.

Pero le dijimos que iba a llevarse la oportunidad de espiar antes que nadie por el agujero del baño de doña Chucha, donde se bañaban Silvia y la Prieta…

Los ojos le brillaron, se quedó con el pedazo de bolillo que mordía a medio masticar… “¿Palabra de hombre?”… ¡Palabra de hombre!

Lo izamos entre todos, sus patas en las jetas, en la frente, en los ojos… ¡y sobres!… pasó por encima de la cerca… y fue por la pelota.

La traía en la mano cuando crujió la puerta de aquella casona de madera…

Crujió y se asomó el rostro agrio de Carmelita…

La mujer se enfiló por el corredor… caminó hacia la escalera para bajar al patio… el rostro de Farino dibujó la angustia de sus cinco años… el llano ahogado… los bracitos que piden ayuda.

¡Bríncale Farino… bríncale mi sangre!

Pero Farino estaba medio tieso… luego reaccionó, corrió y se detuvo en seco a medio metro de la barda…

“¡Noooooo!… me achicharro… me achicharro… ay mamacita!”

Segundos eternos… largos como el castigo que nos aguardaba…

Entonces, como los viejos héroes surgió la figura de El Negrito, con una vara del tendedero de la tía Macri.

¿Qué vas a hacer, animal?, me dijo el primo Memote…

El plan era sencillo, saltar con la garrocha… levantar a Farino para que ellos lo pescaran… brincar luego de regreso con la garrocha y pelarnos…

¡Juta Negrito!… ¡juta… juta!

Y allá voy… con toda la decisión marcada en esa lengua que sale por un lado de la boca… con la mirada resuelta… con los huaraches que vuelan… con… con… ¡Con la garrocha que se rompe!

Y voy derechito contra la cerca… hacia mi achicharramiento temprano… vida en flor que va a cortarse…

Y doy contra ella… se quiebran los tarros… se quiebra un palo guía… y me levanto al otro lado, con la cerca tirada en un pedazo.

Farino sale corriendo por encima y me quedo allí, congelado… Me dejaron solo de repente.

Me agarró Carmelita del brazo… me agarró la tarde, martillo en la mano, clavando otra vez la cerca…

Pero al menos, tuve mano al día siguiente en el hueco del baño.

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