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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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04 Febrero 2011 05:10:15
Buen panorama
Un viejecito llegó a una casa de mala nota, y pidió pasar un rato con una de las chicas. Ninguna se animaba a ir con él, pues consideraban la muy avanzada edad del provecto señor, pero al fin una de las muchachas se animó. Tremenda fue su sorpresa cuando el viejito le demostró su potencia varonil no una vez, ni dos, ni tres, sino cuatro veces seguidas. “¡Caramba! -exclama la chica con admiración-. ¡Esto tendré que contárselo a mis compañeras!’’. “Calma, preciosa -la detiene el viejecito-. ¿Por qué no esperas el marcador final?’’... Pasó a mejor vida una señora y su esposo ordenó una corona funeraria.

Pidió al encargado de la florería: “Póngale a la ofrenda un listón que diga por los dos lados: ‘Amada mía, descansa en paz’. Y si queda espacio póngale también: ‘Nos veremos en el Cielo’’’. El florista apuntó los textos y los entregó a su ayudante. Cuando llegó la corona, decía el listón: “Amada mía: Descansa en paz por los dos lados. Nos veremos en el Cielo, si queda espacio’’... Le dice una muchacha a otra: “Te ves muy triste, Pirulina’’. “Sí -responde ella-. Pienso en mi futuro, tan incierto’’. “¿Y qué es lo que hace incierto tu futuro?’’ -se extraña la amiga. Contesta Pirulina: “Mi pasado’’... Iba por el campo el turista en su automóvil, cuando se le atravesó un gallo y lo atropelló. Salió una viejita de su jacal, y al ver muerto al pajarraco prorrumpió en agudos gritos plañideros. “No se mortifique, señora -trató de consolarla el turista-. Yo reemplazaré su gallo’’. “¡Qué lo va a reemplazar! -responde la anciana entre sus lágrimas-. ¡A poco van a quererlo las gallinas!’’... Tendremos que preguntarnos si el buen panorama que -afirman los voceros oficiales- se observa en México en el renglón de la macroeconomía, se ve reflejado en un mayor bienestar para los mexicanos, especialmente para aquellos que viven en estado de pobreza.

Las cifras económicas son una cosa, y lo que se ve en la vida diaria es otra. Lo mismo puede decirse en lo concerniente a la creación de empleos. Por más que la propaganda del Gobierno hable de cientos de miles de empleos nuevos, lo cierto es que los jóvenes recién egresados de las universidades afrontan problemas grandes para hallar trabajo, y muchos de ellos deben resignarse a desempeñar actividades de bajo ingreso que nada tienen que ver con sus estudios. Lo que gasta la administración en esa machacona propaganda en la que nadie cree ya debería emplearlo en programas de beneficio a la comunidad. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado. Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, le dice a una amiga: “Ya supe quién es la mujer con la que me está engañando Galantino.

Es su esposa”. En la barra de la cantina del hotel un sujeto quedó sentado junto a una chica de abundoso tetamento. “Soy mago -le dijo-. Te apuesto un dólar a que puedo poner mis manos en tus bubis sin tocarte la ropa”. Ella, intrigada, aceptó la apuesta. Entonces el sujeto puso sus manos en los muníficos encantos pectorales de la chica, y los sobó y palpó sabrosamente a toda su satisfacción.
Dice ella: “Pero me tocaste la ropa”. “Tienes razón -concede él-. Aquí tienes tu dólar”. Capronio, sujeto rudo e incivil, comentó en la oficina: “Mi esposa se quejó anoche de mí. Afirma que nunca escucho con atención lo que me dice, o algo así”. Una mundana chica que tenía gran experiencia de la vida contrajo matrimonio con un músico. Al terminar la primera experiencia matrimonial ella se mostró decepcionada. Con cáustica voz le dice a su flamante esposo: “No sabía, Semifusio, que tus interpretaciones son en un órgano tan pequeño’’.

“No es que el órgano sea pequeño, Balaciata -replicó el galán-. Lo que sucede es que tu sala de conciertos es demasiado grande”. Don Sinoplio, caballero de la más alta sociedad, recibió la visita de una joven reportera que lo quería entrevistar. “Entiendo -comenzó la muchacha- que pertenece usted a una familia muy ilustre’’. “En efecto -responde el vejancón-. Por parte de padre desciendo de Haromoso Diallá y de Pepino de Vilón. Por parte de madre provengo de los Flatosfortes, y cuento entre mis antepasados al marqués Opanela y al cardenal Guillas Cecas’’. “¡Caramba! -exclama la chica-. ¡Que pedigrí se carga usted!’’. “¡Señorita! -protesta muy ofendido don Sinoplio-. ¡Le aseguro que estoy completamente sobrio!”... FIN.
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