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Dan T
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16 Agosto 2018 04:08:00
Bye, Mr. Bean Cordero
Se nos fue Ernesto Cordero. No, no se murió, simplemente anunció que se retira de la política. Y esa, sin duda, es una mala noticia, pues nos quedamos sin uno de los mejores comediantes mexicanos.

Siempre he pensado que no era casualidad que Cordero fuera igualito a Mr. Bean, aquel personaje británico que nomás no daba una. Cuando era niño, el pequeño Ernesto recibió como regalo una tortuga... y se le escapó. Durante la adolescencia no le gustaba ver películas porno, porque no tenían subtítulos. Cordero es de los que va a Liverpool a comprar un juego de cama y pregunta cuáles son las reglas. Hay analistas que aseguran que cuando fue secretario de Hacienda de inmediato creció el Producto Interno Bruto. Qué bueno que fue economista, porque de haber sido ingeniero habrá inventado el microchip más grande del mundo o los impermeables de papel reciclado. Y si hubiera sido narco, lo habrían mandado a Colombia por coca, pero habría traído Pepsi.

Por suerte para él, pero para desgracia de México, Cordero decidió ser político. Se unió al Partido Acción Nacional (ya dijimos que era medio güey) y se volvió parte del equipo de Felipe Calderón Hinojosa. Trabajó con él en Banobras y luego en la Secretaría de Energía, donde no hicieron nada, pero se forraron de billetes y de ahí pasaron a Los Pinos. Su primer cargo en el gobierno calderonista fue como subsecretario de Hacienda. De ahí lo ascendieron a secretario de Desarrollo Social y luego regresó a la Secretaría de Hacienda, pero ya como titular.

Y aunque ya sabíamos que Cordero es de los que estudia la noche anterior cuando le van a hacer un examen de orina, aun así nos sorprendimos y nos divertimos todos los mexicanos cuando acuñó su frase inmortal: “Con un sueldo de 6 mil pesos al mes, alcanza perfecto para pagar casa, coche y mandar a los hijos a escuelas privadas”. ¡¡¡Seis mil pesos!!! Hay quienes creen que esa declaración puso en evidencia que, como todos los políticos, Cordero vive en un mundo de fantasía que nada tiene qué ver con la realidad del resto de los mexicanos. Quienes lo defienden, dicen que en realidad Cordero se le cayó de cabeza a su mamá cuando era bebito.

Pese a todo, cuando iba a finalizar el sexenio, Calderón lo impulsó para que fuera candidato presidencial. En otros tiempos, cuando el Presidente decidía quién sería su sucesor –el famoso cedazo– ése era quien ganaba las elecciones. En el caso de Cordero, bueno, pues, es tan brillante como quien vende tarjetas del Día del Padre en un orfanato. Y por eso lo que tenía que pasar, pasó: Cordero perdió la candidatura ante Josefina Vázquez Mota, que tiene el carisma de una caja de cartón para archivo muerto. Por supuesto el PAN perdió las elecciones y Calderón intentó quedarse al menos con el partido, para lo cual lanzó como candidato –¡una vez más!– a Cordero. Y, claro, como nuestro personaje es tan brillante que para matar un canario lo avienta por la ventana, también perdió la elección por la dirigencia nacional panista.

Pero como es suertudo, Ernesto Cordero se convirtió en senador. Por supuesto no fue por medio del voto, sino por la vía plurinominal. De todas maneras nadie hubiera votado por él. Y tampoco creo que hubiera podido hacer fraude, pues si le dijeran que hay que embarazar las urnas, se las coge. Tan brillante siempre como político, Cordero fue expulsado de su partido, porque en lugar de apoyar a Ricardo Anaya apoyó al que estaba seguro que iba a ganar: José Antonio Meade. Pobre Cordero: si se hubiera ganado un viaje en una rifa, habría sido en el Titanic. Por eso y más lo vamos a extrañar ahora que se retire de la política y se dedique a otras cosas. Tal vez escriba el libro Aprenda a Leer.
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