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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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15 Noviembre 2018 04:00:00
Calderón y Peña: ¿socios de ‘El Chapo’?
Antes que narcotraficante, Joaquín “El Chapo” Guzmán es un formidable maestro de la propaganda. Por eso ocupa un lugar tan destacado en el almanaque de la historia criminal, porque posee un instinto hollywoodense para crecer su personaje en proporciones que ya son míticas.

El hombre de la doble fuga, el protagonista de la serie latinoamericana de Netflix con mayor audiencia, el narco entrevistado por Sean Penn, el amante viejo de la joven señora Coronel, el amigo de Kate del Castillo, el más poderoso, el más sanguinario, el más generoso, el que solía estar en todas partes, el enemigo peligrosísimo.

Fiel a sí mismo y a su talento para producir una fuerte impresión entre sus espectadores, Guzmán Loera volvió escandalosa la primera jornada del largo juicio que acaba de comenzar en Nueva York.

De tal dimensión fueron los fuegos de artificio que el juez decidió regañar al abogado defensor por su demagogia y la falta de pruebas que sustentaran sus dichos.

Bastó con que el defensor Jeffrey Lichtman señalara como beneficiarios del cártel de Sinaloa a dos presidentes mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, para que el ambiente se volviera explosivo.

El juez Brian Cogan reconvino al abogado recordándole que está prohibido mentir en su tribunal. Es decir que esas graves afirmaciones sólo serían toleradas en caso de que hubiera evidencia contundente para respaldarlas.

Si “El Chapo” Guzmán cuenta con pruebas incontrovertibles sobre tan tremendo acto de corrupción, el juez debería permitir que se presenten y desahoguen; en sentido inverso, si todo son habladurías y marrullería, los nombres de Peña y Calderón sólo habrían servido para ampliar la atención sobre este juicio.

Por lo pronto “El Chapo” y sus abogados inocularon la mente del jurado, y también los oídos de la opinión pública, con el argumento de que este mítico criminal no es, en realidad, la cabeza de su organización, sino el engranaje medio de una maquinaria mucho más grande, que le trasciende y supera.

Con este mismo propósito el abogado Lichtman señaló a Ismael “El Mayo” Zambada, y su familia, como los verdaderos gerentes de la empresa criminal.

Desde el punto de vista jurídico, fue genial haber comenzado el proceso penal con este discurso: “El Chapo” está acusado de ser el principal responsable de ingresar a Estados Unidos toda la cocaína, mariguana y heroína que el cártel de Sinaloa ha traficado durante los últimos 20 años.

Se le responsabiliza personalmente de haber introducido 155 mil kilogramos de cocaína (138 millones de rayas de polvo).

Ahora bien, si “El Chapo” no fue la cabeza de la empresa, sino sólo un tornillo de la maquinaria, la acusación principal en su contra podría caerse y por tanto la condena sería muy distinta a la demandada por el fiscal.

La narrativa, según Lichtman, es como sigue: el narcotráfico en México tiene fuero otorgado desde la Presidencia de México y por tanto es injusto otorgarle tanta importancia y culpa a un peón menor de la partida.

Para echar a andar esta fábula jurídica, y también mediática, es que el martes fueron mencionados Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto en el parlamento del abogado defensor.

Fue un acto de propaganda típico de ese prestidigitador que siempre ha sido “El Chapo” Guzmán.

ZOOM: ‘Ora que, para que el río suene es que algo de agua debe llevar: ¿qué evidencia en manos de Guzmán Loera será mostrada en este juicio? ¿A qué políticos encumbrados terminará embarrando? La pirotecnia apenas comienza, así que mejor será preparase para los próximos sobresaltos.
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