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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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09 Abril 2019 03:03:00
Callejón sin salida
El PRI vive la peor crisis de su historia y acaso también sus últimos años. El mérito no le corresponde al PAN o al PRD, inmersos en su propia agonía. El tiro de gracia lo recibió de la generación de gobernadores liderada por Enrique Peña Nieto desde el Estado de México (Edomex). Una camada tan corrupta e incompetente como cínica y soberbia.

El partido fundado por Plutarco Elías Calles perdió por primera vez la Presidencia en 2000, pero conservó la mayoría en los estados (17, contra 10 del PAN y cinco del PRD), el Congreso federal, las legislaturas locales y los ayuntamientos.

Doce años después, el PRI recuperó la Presidencia por el fracaso de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, sobre todo en materia de combate a la corrupción, seguridad y reducción de la pobreza, y una alianza con el PAN, el PRD, las grandes televisoras y la oligarquía para bloquear a Andrés Manuel López Obrador.
El triunfo de Peña no habría sido posible sin un pacto de impunidad con los gobernadores –en 2012, el PRI ya controlaba 19 estados–, quienes

inyectaron recursos públicos a su campaña y lo proveyeron de votos.
Una comisión del Congreso, integrada por diputados del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, dictaminó que el candidato del PRI rebasó en mil 268% el tope de gastos. El límite legal era de 336.1 millones de pesos, sin embargo, el coste ascendió a cuatro mil 263 millones (La Jornada, 12.03.14).

Las deudas estatales se dispararon entre 2010 y 2011, dos años antes de los comicios presidenciales, según datos de la Secretaría de Hacienda. En Coahuila, Humberto Moreira recibió pasivos por 323 millones de pesos; al dejar el gobierno ya se debían más de 36 mil millones.

Las tesorerías locales siempre han sido cajas chicas del PRI –para mantener su estructura electoral–, pero en los sexenios de Fox y Calderón, cuando no manejaba el presupuesto federal, representaron su tabla de salvación.

En el gobierno de Fox, el PRI fue la primera fuerza en las cámaras de diputados y de senadores; con Calderón, la segunda. Esa circunstancia le permitió imponer condiciones a los presidentes y preparar su retorno a Los Pinos, apalancado por los gobernadores. En el sexenio de Peña, el PRI dominó el Congreso, sin alcanzar la mayoría absoluta. Hoy, con apenas 47 diputados y 14 senadores, ocupa la tercera posición, por debajo del PAN (78/24). Morena es la nueva aplanadora: tiene 259 asientos en San Lázaro y 59 en el Senado sin sumar a sus aliados (PES y PT). Entre 2012 y 2018, el partido de Peña perdió nueve estados. Ahora solo tiene 12, uno menos que el PAN. Pero aun en Edomex, cuyo presupuesto y padrón electoral son los más grandes del país, Morena controla la Legislatura y la mayoría de los municipios.

Morena gobierna cuatro estados (destacan Ciudad de México y Veracruz); Movimiento Ciudadano, uno (Jalisco) y el PRD, dos (Michoacán y Quintana Roo). Con 11.4 millones de votos menos que en las presidenciales de 2012 y sin el dinero de las arcas estatales, el PRI está en un callejón sin salida.

A 10 meses de la derrota más apabullante en sus 90 años, el PRI sigue colapsado. Los gobernadores se replegaron. Con un embajador en cada estado, el presidente López Obrador cuida sus movimientos, maneja los programas sociales –base del clientelismo electoral–, estructura a su partido (Morena) y despliega su poder. Fox, Calderón y Peña Nieto les soltaron las riendas y el país pagó las consecuencias.
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