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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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07 Marzo 2015 05:04:17
Cambiar de nombre o actuar distinto
Hace unos días un amigo me cuestionaba sobre la falta de alianzas con diversos sectores de la sociedad por parte del Partido Nueva Alianza. Me discutía que es un partido que basa su accionar en la defensa de los intereses del gremio magisterial. Que solo con los profesores y con su sindicato mantiene una alianza firme y clara.

Siempre que hay un voto para Nueva Alianza, es un voto que se identifica con los trabajadores de la educación. Quizá vote más gente, pero desde fuera se identifican esos sufragios con los educadores. Es, en pocas palabras, un partido de los maestros.

En el mejor (o peor) de los casos, dicho instituto político establece alianzas con otros partidos. Pero me insistía que eso no ocurre con otros sectores de la comunidad, como por ejemplo con amas de casa, doctores, obreros o campesinos. En pocas palabras, el actuar no tiene que ver con el nombre del partido político. Podría llamarse Alianza Magisterial o Alianza con los Trabajadores de la Educación. O bien, tendría que establecer estrategias para acercarse a otros sectores de la comunidad.

Coincidimos en todo ello. Pero también en el hecho de que el fenómeno no es privativo de Nueva Alianza. Por el contrario, en otros institutos políticos la situación es mucho más grave. Su nombre dista en mucho de su actuar.

El PRI, por ejemplo, es un partido donde la “I” está muy marcada, pero la “R” no existe. Es decir, se acentúa la institucionalidad, pero no se observa lo revolucionario.

En el PAN, la acción nacional gira en muchos de los casos en intereses extranjeros o de sectores muy reducidos de la élite del país. Y su incongruencia además se ve en sus mensajes del “quién dice que no se puede”, sin decir que ayer que gobernaron el país no solo no pudieron, sino que ni tan siquiera lo intentaron.

El PRD no es el instituto político más democrático del país. En diversas ocasiones han tenido ejercicios desaseados, al grado de que en el presente ya no consultan a las bases en sus procesos internos. Es un partido dominado por castas que surgieron del activismo social o que migraron desde el PRI, pero que en ambos casos lograron privilegios que hicieron palidecer lo revolucionario y lo democrático en el partido.

El Verde Ecologista –más allá de sus mentiras– no tiene muchas propuestas ecológicas. Ni las cuotas en las escuelas, ni las medicinas gratis, ni mucho menos la cadena perpetua o la pena de muerte a los secuestradores tienen qué ver con las ideas ecologistas de los partidos verdes en el mundo.

El Partido del Trabajo no establece propuestas para defender a los trabajadores (y si las hacen, no son de gran impacto).

Movimiento Ciudadano es el espacio de viejos políticos mexicanos con origen y presencia en otros partidos.

De Morena poco se puede decir. Quizá que es el partido que tira la piedra y esconde la mano y que es extraño que con esa actitud política busquen la regeneración nacional.

Hoy en día son muchos los aspectos que deben revisar los partidos políticos para estar a tono con las exigencias de la ciudadanía. Y tal vez deberían de empezar a checar qué tan creíble es su nombre y qué tan congruentes son sus acciones.

Habrá que cambiar de nombre o actuar distinto.

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