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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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08 Marzo 2017 04:00:00
Cambiar la historia
Coahuila ha tenido gobernadores provisionales de Puebla, Aguascalientes, Zacatecas, Hidalgo, Durango y San Luis Potosí –entre 1913 y 1915, años de la Revolución–, pero ninguno de Torreón, en cualquiera de sus denominaciones. Incluso los saltillenses Nazario Ortiz Garza y Román Cepeda Flores fueron alcaldes de esa ciudad, antes de ocupar el Gobierno. Los únicos mandatarios laguneros –también bajo la férula del PRI– nacieron en San Pedro de las Colonias.

La metrópoli lagunera no sólo ha sido dirigida por capitalinos. En la década de 1970 el PRI postuló a Luis Horacio Salinas Aguilera (Ciudad de México) y a Carlos Ortiz Tejeda (Saltillo) para diputados por Torreón. Jamás regresaron. El único gobernador sustituto arraigado, pero nacido en San Antonio, Texas, fue Francisco José Madero. Eliseo Mendoza Berrueto, originario de San Pedro, no cayó en la tentación de ostentarse como candidato de La Laguna, pues vivió en Saltillo y su carrera política la desarrolló en la capital del país.

Javier Guerrero es el cuarto candidato sampetrino al Gobierno del Estado, después de Pedro Rodríguez Triana, Braulio Fernández Aguirre y Mendoza Berrueto; en su caso, como independiente. El pasado 14 de diciembre dimitió al PRI, entre otras razones porque:

“Hoy en Coahuila el partido se encuentra secuestrado y al servicio de un pequeño grupo. (...) el cacicazgo de unos pocos ha desnaturalizado al partido político en el que muchos coahuilenses confiaron”, dice en la carta de renuncia irrevocable dirigida al líder priista Enrique Ochoa.

Francisco I. Madero, el Apóstol de la Democracia, escribió en San Pedro el libro La Sucesión Presidencial en 1910, precedente del Plan de San Luis que derrocó la dictadura de Porfirio Díaz. Madero fundó el Partido Nacional Antirreeleccionista y en 1911 ganó la Presidencia. Francisco L. Urquizo, uno de los escritores de la novela revolucionaria, nació en San Pedro. El autor de Tropa Vieja y La Ciudadela Quedó Atrás, se incorporó al ejército de Venustiano Carranza para combatir al Gobierno usurpador de Victoriano Huerta.

Guerrero dio el paso que otros no se atrevieron: renunciar a una militancia de casi cuatro décadas y exponerse al encono del grupo aferrado al poder con uñas y dientes. “El PRI en Coahuila hoy se ha alejado de los principios y valores que le dieron no sólo presencia, sino fortaleza entre los ciudadanos”, escribió a Ochoa.

El sampetrino perdió militancia, pero ganó el respeto de tirios y troyanos, sobre todo entre quienes pensaban que sus críticas al moreirato y sus amagos de postularse como candidato independiente eran para negociar un escaño en el Senado. “El rechazo ciudadano a la continuidad, la ausencia de rendición de cuentas y la falta de convicción democrática de quienes toman las decisiones en el estado y en el partido, mantienen asfixiada la vida interna del PRI y (han) cancelado cualquier proceso de movilidad y de reconocimiento de los liderazgos naturales, en todos los niveles (...), denunció. Liderazgos del PRI coinciden con Guerrero y apoyan su candidatura en forma abierta o soterrada.

El exsecretario de Finanzas afronta a la maquinaria del PRI-gobierno. Vencerla es una empresa harto difícil, máxime como candidato independiente, mas no imposible. Si logra multiplicar por 1.5 o por dos las 200 mil firmas que recolectó para su registro, Coahuila podría cambiar su historia.
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