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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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29 Julio 2018 04:18:00
Caminando ando
Mis queridos amigos: espero que se encuentren muy bien, como mi familia y yo gracias a Dios. Les cuento que caminando ando por la tierra queretana. ¡Ah, qué bonito estado!, me encanta venir y más visitar a mi hermano Jorge, que la verdad es un excelente anfitrión.

Pues les cuento la bendición de andar caminando con mis padres y hermano por sus calles, sobre todo de ese bello Centro tan concurrido siempre, lleno de turistas de todas partes y la vendimia al por mayor, con una
arquitectura maravillosa

Nosotros vamos a paso “gallo gallina” admirando todo ello; a mi mamá le encanta, sobre todo porque es tan culta, que sabe mucho de todas las historias de nuestro México querido y de algunos otros países, pues ama la Historia y lee un libro a la semana. ¡Qué envidia de la buena! (es un decir, ya que la envidia jamás es buena).

Fuimos a muchos lados, pero les contaré algunas cosas solamente, como acerca de la comida en ese bello restaurante llamado Las Monjas. ¡Qué bello lugar!, así como rica su comida.

Pedimos unas crepas de pollo bañadas en salsa de queso (muy recomendables amigos), enchiladas de requesón con frijolitos de bola, gorditas de barrio, ensalada, queso fundido con chorizo y bebidas, por supuesto. Tuvimos que llevarnos itacate, ya que fue imposible terminarnos todo.

El lugar es una casa antigua decorada con excelente gusto, es del siglo 18 seguramente, de esa época de nuestras abuelas, hace más de un siglo. Tiene hornos de piedra, donde hacen el pan, y también cuenta con dulcería típica, mermeladas, chocolates, rompope y licores caseros, la atención es muy buena. Bueno, ya tienen un lugar a dónde ir a comer. Olvidaba que afuera, en la fachada, aún está un buzón de correos de aquel entonces, inhabilitado ya, y una argolla de concreto donde amarraban a los caballos. ¡Me encantó!

Después seguimos caminando hasta el Centro. Nos topamos con un festival en el Jardín Guerrero, pues están festejando los 487 años de la fundación de esta bella ciudad (Saltillo es más joven, pues también festejamos hace poco sus 441 años de fundada). Hubo grupo de huapango, de los que le gustan a mi mamá. Nos quedamos un buen rato ahí sentados entre que dormitábamos y no, pues nos dio el postprandial, mejor conocido como “el mal del puerco”, al hacer la digestión. Hacía mucho calor además, pero había un muy buen toldo. Si no, imposible estar ahí.

Después fuimos por una agüita de horchata deliciosa al lado del hotel Hidalgo, que yo tomé mientras compraba unos zapatos (es mi talón de Aquiles, ni les digo cuántos tengo, me da pena. Y eso que ya le bajé mucho a la compradera, mis hijas les podrán contar (algún vicio tenía qué tener, oiga usted).

Y bueno, también está la tienda famosa Ay Güey, de ropa, con dibujos de monitas y diferentes figuras que me gustan mucho, muy coloridos y con excelentes vendedores y, pues qué creen, yo no quería de verdad, pero pues de tanta insistencia, ándele pues, compré una blusa de una monita con alas, y ya la ando estrenando, que no hay que dejar nada para ocasiones especiales, pues todos los días lo son para mí.

Y bueno, caminando ando por todos los puestos, ya casi no compro, ya he ido tantas veces que ya tengo de todo y ya ni me pongo nada, ¡aunque siempre hay novedades! Y el dinero hay que invertirlo en otras cosas más necesarias, sin duda. Saqué a mi madre ese gusto de andar chachareando en las vacaciones, siempre nos compraba algo; ahora ella sólo compró dulces, chocolates, pan, unos ratones de lana para mi cuñada Thelma, unos “pedos de monja”… bueno, esos los compró en la dulcería del restaurante Las Monjas. ¡Vaya nombrecito, oiga usted!, pero están ricos, dice la historia que fue un error, debió ser pechos, pero
así se le quedó.

Ya para esto amigos, eran casi las 8:00 pm. Ya mis papás cansados de tanto trajinar, decía mi abuelita “mamaita”. Mi hermano fue por el carro y lo esperamos en la Plaza del Arte, ahí hay una pila con una escultura en medio de una joven y esbelta mujer, simulando tocar el arpa y al caer el agua simula las cuerdas. Estaba muy limpia y apenas unos dos centímetros de agua. Supongo que para evitar accidentes lamentables y no gastar agua innecesariamente. “Bien pensado”, diría mi papá.

Yo me fui a sentar a la fuente y mis padres se quedaron parados esperando que llegara mi hermano Jorge, mientras yo escuchaba frases de las personas que iban pasando por ahí, que les compartiré a continuación:

“Me estoy mojando un poco”, “me organizaré mejor para la otra”, “ya me duelen mis pies”, “me casé sólo para que mi tía no se quedara preocupada de quedarme sola”, “mejor le doy por su lado a la vida”, “me compras una muñequita”, “Dios te bendiga”, “me compras una pulsera atrapasueños”, “te esperamos en la Plaza del Arte, compadre”, “fue una bella sorpresa”, “te hice un pedido de 5 millones”, “no te vayas a mojar hijita”, “ella ya sabía esa situación”, “sigamos caminando y vemos cómo está la onda”, “déjame descansar aquí un rato”… y bueno, llegó mi hermano por nosotros. Y hasta aquí le dejo, que vamos llegando a Tequisquiapan, y esa es otra historia.

Y no olviden disfrutar la vida, cada momento es un regalo de Dios. Abrazo fraterno, su amiga Verónica. ¡Diosito por delante!

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