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Federico Muller
Federico Muller
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26 Enero 2018 04:00:00
Campañas políticas por la Presidencia
Las precampañas de los candidatos a la Presidencia de la República lamentablemente no han presentado a la opinión pública un programa creíble a seguir para lograr un mayor crecimiento de la economía nacional. En el caso de que alguno de ellos gane la elección que se llevará a cabo el próximo mes de julio, quizá obedezca a que se estén reservando el mismo para las campañas políticas. ¿Quién sabe?

Sin embargo, el que tiene una plataforma más acabada es el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, con un diagnóstico socioeconómico que hace mucho hincapié en que la principal causa de los males que azotan a México es la corrupción de los gobernantes, inclusive hace estimaciones, a grosso modo, sobre lo que le cuesta al país cargar con ese desvío de recursos públicos, y según él, si terminara, con ese dinero podría ser suficiente para becar a jóvenes en las universidades del país, que actualmente no estudian ni tampoco trabajan.

Es probable que tenga razón, pero el peso que le asigna me parece desmedido, y particularmente por lo complicado que es erradicarla del quehacer cotidiano gubernamental, que desempeña el burócrata más encumbrado hasta el funcionario menor. Fuera de allí, sus propuestas económicas requieren de más estudio y conocimiento del entorno nacional e internacional para que pudieran considerarse como tangibles, para formular con ellas políticas económicas de largo aliento, que rebasen los sexenios presidenciales y que pasen de las buenas intenciones a la aplicación real.

OtrA propuesta económica y social que ha circulado en los medios de comunicación es la que ha hecho el candidato de la alianza PAN-PRD, Ricardo Anaya, sobre el ingreso básico universal, que cubre monetariamente a la mayoría de los mexicanos, que por el solo hecho de serlo tienen derecho a ella. No obstante, también tiene la gran desventaja de cómo se financiaría. El novel candidato se ha limitado a mencionar sus bondades, pero no ha dicho nada más, lo cual la hace inviable económicamente por la precaria recaudación fiscal y la insuficiente capacidad financiera del Gobierno, por ello muy lejana para el contexto nacional.

Por su parte, el precandidato del PRI, José Antonio Meade, fuera de los mensajes de buenos deseos y felicitaciones por Año Nuevo que ha externado en radio y televisión, no ha hablado de un programa económico serio para disminuir la desigualdad y la pobreza, así como incrementar el crecimiento económico del país. Aunque es casi seguro que pronto lo hará, y entonces los analistas lo podrán revisar y emitir sus comentarios. De los candidatos independientes nada se puede decir, pues están fijando toda su atención en la recolección de firmas de los ciudadanos para su postulación.

Por el gris panorama electoral que se ve, y las expectativas que se esperan de cada candidato, al emitir el voto el ciudadano debe ser muy consciente de por quién lo hace, particularmente no creerse de que la grave situación que priva en México se soluciona con la llegada de un nuevo presidente. Si se sufraga por impulso o emoción, y no se razona el voto, puede acarrear consecuencias negativas en el corto y mediano plazo para la sociedad, particularmente para las clases medias y las menos remuneradas económicamente.
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