×
Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
ver +
Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

" Comentar Imprimir
16 Febrero 2018 04:00:00
Campbell, más allá de la sopa
La sopa favorita de Federico era la de champiñones. Me lo dijo el día que en su casa comentábamos mi novela El Orden Infinito, luego me preguntó si ya tenía editorial. Respondí que no. Corría el 2004 y yo sólo había publicado poesía. Sin más, abrió su directorio y llamó a varios editores para que me recibieran. Al terminar la tercera llamada me dijo, “el día que firmes contrato te prepararé mi sopa Campbell’s”.

Tres días después estaba en la oficina de Joaquín Díez-Canedo, editor del Fondo de Cultura Económica. Fue una cita breve y puntual. Entre pregunta y respuesta, Díez-Canedo revisaba su computadora, se notaba apurado, impaciente. Yo llevaba mi primer borrador, dos engargolados que sumaban 500 cuartillas. Joaquín ni siquiera los tocó, amablemente me pidió que los dejara sobre aquella mesa. Había cerros de originales esperando lectura.

Una semana después fui a ver a Marcelo Uribe, editor de Era. Me invitó un café y charlamos durante una hora. La entrevista fue cordial. Leyó las primeras páginas, se interesó en la novela y me dijo que querían autores noveles. Como buen principiante, al final de la entrevista vino mi error. Uribe me preguntó a dónde más la había llevado. “Al FCE”, respondí. Entonces la rechazó. Pude ver en su rostro una gran decepción por haber perdido una hora de su tiempo.

“Si a ellos les gusta se la quedarán y tú preferirás publicar en el Fondo”, me aseguró. Le conté que durante un año la novela estuvo en manos de Braulio Peralta, editor de Plaza & Janes, quien me había pedido que no se la diera a leer a nadie más. “Esperé un año”, le repetí. “Así son los tiempos editoriales”, me dijo antes de devolverme mis dos mármoles engargolados.

Al día siguiente fui a ver a Federico. Campbell, en 1977 fundó La Máquina de Escribir, una editorial de plaquettes que él pagaba de su bolsillo. Su sensibilidad de editor lo llevó a publicar por primera vez a firmas que ahora son reconocidas: Juan Villoro, Carmen Boullosa, David Huerta, Esther Seligson, María Luisa Puga, Coral Bracho. Su generosidad no tenía límites, por lo que me dijo que él me acompañaría a mi siguiente cita, Alfaguara.

Minutos antes de entrar a la oficina de Marcela González Durán, Campbell se agitó los cabellos de las sienes, dándose un aire de cesar laureado. Me pidió la novela y él mismo la puso en manos de la editora. No fue necesario que regresara, por teléfono, Marcela me dijo que buscaban novelas no tan locales, aún se oían los ecos del Crack, manifiesto de 1996 de Volpi, Palou, Padilla y Urroz. “Por qué no te escribes una novela de alemanes”, me dijo, antes de cortar la llamada.

Ayer se cumplieron cuatro años de la muerte de Federico y sus libros, Tijuanenses, Máscara Negra, La Clave Morse, Padre y Memoria, más allá de modas o tendencias son ejemplo de buen sazón literario. Tuvieron que pasar tres años para que pudiera comer la sopa Campbell’s de Federico. En 2007 Planeta publicó El Orden Infinito y al final de ese septiembre, de la última repisa de su alacena, Campbell tomó la añejada lata y la abrió como quien descorcha una botella de champan.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2