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Gerardo Hernández
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05 Febrero 2018 04:08:00
Candidato a la deriva
Cuando el PRI perdió la Presidencia en el año 2000 se le dio por muerto. Sin embargo, el partido fundado por Plutarco Elías Calles sobrevivió dos sexenios fuera de Los Pinos, pues su organización, estructura y predominio en los estados, de donde obtuvo recursos para aceitar su maquinaria y ganar elecciones, le permitieron recuperar el poder en 2012. Hoy pretende retenerlo en un contexto adverso por el deterioro institucional, la falta de crecimiento económico, la impopularidad del presidente Peña Nieto, el desprestigio del PRI –extensivo a todos los partidos–, los escándalos de corrupción y la impunidad.

Enrique Ochoa, primer tecnócrata que preside el PRI desde su fundación en 1929, ve las cosas de otra manera. Dice que José Antonio Meade, precandidato externo de su partido, ganará con el 40% de los votos. La lista nominal de electores del país ronda los 86 millones. En las últimas tres elecciones presidenciales, la participación promedio fue del 61%. Si ese nivel se mantiene el 1 de julio, Meade captaría alrededor de 20 millones de sufragios. Peña recibió 19.2 millones, equivalentes al 38.2% de la votación válida emitida.

En 1988, el entonces líder del PRI, Jorge de la Vega, le prometió a Carlos Salinas de Gortari 20 millones de votos, pero sólo pudo conseguir 9.6 millones. En 1994, Ernesto Zedillo ganó la presidencia con 17 millones de sufragios. El PRI registró su votación más baja en 2006 cuando Roberto Madrazo captó 9.3 millones (22% del total). Felipe Calderón obtuvo 15 millones (35.9%) y Andrés Manuel López Obrador 14.7 millones (35.2%).

La candidatura de Meade fue forzada por las circunstancias y hoy está a la deriva. Miguel Osorio Chong era el aspirante del PRI mejor posicionado en las encuestas y con mayor apoyo entre la militancia, pero no pertenece al grupo de tecnócratas que toma las decisiones, pese a que el presidente Peña Nieto se formó en la escuela política más rancia del país como es la de Atlacomulco. El fracaso de Osorio en la Secretaría de Gobernación, sobre todo en materia de seguridad y derechos humanos, contribuyó también a su eliminación.

En el caso de Luis Videgaray, la invitación a Donald Trump para visitar México antes de las elecciones en Estados Unidos y reunirse con Peña Nieto en Los Pinos, cuando el candidato republicano había tomado a nuestro país como blanco de su inquina, lo dejó fuera de la carrera presidencial. Aurelio Nuño, otro de los pretendientes a la silla del águila, jamás creció en la intención de voto ni como secretario de Educación. Entonces se recurrió a Meade, cuya principal virtud consiste no ser priista, o al menos no parecerlo. Para postularlo, el PRI reformó sus estatutos.

Meade es el primer candidato externo de un partido antes orgulloso de su historia y de sus reglas. Por primera vez también concurren la candidatura y la presidencia del PRI en dos tecnócratas sin oficio político. Meade fue secretario de Hacienda y de Energía en el gobierno panista de Felipe Calderón, y de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda en el de Peña Nieto. El 21 de octubre de 2010, en su comparecencia como aspirante a consejero del Instituto Nacional Electoral, Enrique Ochoa declaró en la Cámara de Diputados: “No formo parte del consejo político nacional del PRI, ni soy su militante” (Milenio 08.07.16). Negar al PRI o no militar en sus filas para ser candidato parecen ser ahora las mejores credenciales.
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