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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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27 Enero 2020 04:00:00
Caravana o show
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No comparto la lógica de lamentar el asesinato de un ser querido llevando a cabo marchas políticas, pero es la forma de reaccionar de algunos. Javier Sicilia ha hecho de la muerte de su hijo, Juan Francisco Sicilia Ortega, el 28 de marzo de 2011, el pilar de una trayectoria de activismo. Julián LeBarón también se volvió activista tras el secuestro el 2 de mayo de 2009 de su hermano Érick, liberado sin pago de rescate, y el secuestro y asesinato de su hermano Benjamín y su cuñado Luis Widmar el 7 de julio de 2009. Su activismo se ha redoblado con el brutal asesinato de tres mujeres y seis menores de su familia el 4 de noviembre. En estos últimos días Sicilia y LeBarón encabezaron una caravana por la paz que ayer llegó al Zócalo de la Ciudad de México.

El presidente Andrés Manuel López Obrador se negó a recibir a los líderes de la caravana “para no hacer un show, un espectáculo, no me gusta ese manejo propagandístico. Tengo que pensar en la investidura presidencial, como decía don Adolfo Ruiz Cortines. No soy yo, es la investidura”.

La investidura presidencial, sin embargo, se protege de formas distintas dependiendo de las circunstancias. El Mandatario ha recibido sin problemas a los líderes del movimiento de Ayotzinapa, que han encontrado un modus vivendi en las protestas. La política prevalece por encima de todo. Quienes desde la izquierda apoyaron en mayo de 2009 la “marcha por la paz con justicia y dignidad” de Sicilia, porque la consideraron un ataque a Felipe Calderón, hoy desprecian la caravana por la paz porque ven en ella un cuestionamiento a López Obrador.

La verdad es que la violencia ha empeorado. En 2009, el año en que Sicilia encabezó su marcha contra Calderón, se registraron 19 mil 803 homicidios (Inegi). En 2019, el primer año de López Obrador, fueron 34 mil 582 (Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública). El incremento es de 74.6 por ciento. Es verdad que la tasa de crecimiento ha disminuido a solo 2.5% en 2019, frente a los 33 mil 743 homicidios de 2018, pero 2019 ha sido el peor año desde que tenemos el actual sistema de estadísticas.

Lo peor es que no se percibe una estrategia clara para resolver el problema. Tener reuniones del gabinete de seguridad todas las mañanas a las 6 no ayuda para nada y quizá sea una simple pérdida de tiempo. Si ofrecer “abrazos y no balazos”, o considerar al crimen organizado “pueblo bueno”, se acompañara de medidas como la legalización de la mariguana y otras drogas, quizá podríamos entender que se está aplicando una nueva filosofía. Pero el narcotráfico se sigue combatiendo como antes, pese a que el Gobierno ha desistido de enfrentarse a bandas muy peligrosas, como lo demostró la liberación de Ovidio Guzmán, del Cártel de Sinaloa, tras su captura en Culiacán en octubre de 2019. La creación de la Guardia Nacional, una policía militar como la que la izquierda antes cuestionaba, puede tener sentido, pero hasta el momento no ha reducido la violencia. La idea de que los programas sociales reducirían la violencia no parece tener mucho sustento; si los pobres son más criminales que los demás, como sostiene López Obrador, habría que preocuparse por una política económica que ha detenido la inversión y el crecimiento.

La violencia no se abate con marchas o caravanas: el show no aporta nada. Pero tampoco con juntas burocráticas o declaraciones políticas.


Aguayo y Moreira

Es normal que un tribunal de amparo pida una garantía para otorgar una suspensión sobre la ejecución de una sentencia. Lo que es un peligroso ataque a la libertad de expresión es el fallo que ordenó a Sergio Aguayo pagar 10 millones de pesos a Humberto Moreira por daño moral.
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