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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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22 Diciembre 2016 04:00:00
Carstens, personaje de terror
Es un frívolo, no me cabe ya duda. Cuando explicó que dejaría la dirección del Banco de México, como muchos, encajé mal la noticia. No me alcanzaron sus argumentos por demasiado personales. Y es que se justificó con razones de quinceañera: “mi sueño ha sido dirigir uno de los grandes organismos financieros del mundo y ahora que tengo la oportunidad de realizarlo no puedo negarme a ser el gerente del Banco de Pagos Internacionales”, una institución –por cierto– tan desdentada como un abuelo de 102 años.

Guardé, sin embargo, para mis adentros la incomodidad, tratando de comprender la opinión que otros expresaron en el sentido de que Agustín Carstens era un gran funcionario mexicano, un hombre ejemplar, un financiero de talla internacional cuya montaña de méritos superaba con creces la extraña decisión de marcharse, justo cuando al país se lo puede llevar la trampa.

Pero las declaraciones del señor Carstens del lunes pasado me devolvieron peor sabor gástrico. En un foro organizado por un grupo de empresarios de Guadalajara advirtió que la llegada de Donald Trump será una película de terror para México. Y luego se permitió una imprudente metáfora: “Fuimos al cine y vimos los cortos, pero a partir de enero va a correr la película”.

Lo que me molesta, creo, es que haya usado el verbo “fuimos”, porque para efectos prácticos a ese señor parece tenerle sin cuidado la primera persona del plural.

Varios diarios internacionales retomaron la profecía del todavía director de nuestro banco central como un consejo para alejarse cuanto antes de esa bomba de tiempo llamada México.

El País, Bloomberg News, Business Insider, Asian Breaking News, Global Times, Huffington Post, sólo por mencionar unos cuantos medios, citaron textual la poco razonable frivolidad carstensiana.

¿Era de veras tan buena la frase que el director del Banco de México no pudo guardársela? ¿Calculó las consecuencias de su boconería? ¿Además de proteger obsesivamente su reputación, trae este señor alguna otra cosa en la cabeza?

¿Será que sus neuronas ya se fueron a Suiza? ¿Se dará cuenta que con su partida anticipada del Banco de México y sus declaraciones infaustas está colaborando para adelantar el clímax del filme anunciado por él?

Lo que descoloca con mayor preocupación es el auditorio que escogió este agorero para comunicar su visión de la debacle. Si de aquí a que se vaya contagiará a otros con su discurso cobarde, de México quedará muy poco, entre hoy y el mes de julio, fecha en que anunció su partida.

No quiero ponerme sentimental ni patriotero. Pero, como parte de una generación que ha vivido varias crisis económicas, no puedo ignorar lo que sé: el capital no tiene patria.

Y menos la tendrá el selecto grupo de mexicanos, dueños del capital, si el funcionario responsable de otorgar estabilidad a la moneda mexicana decidió abandonar la moderación para asustar auditorios relevantes con monstruos sacados de las novelas de Stephen King.

Es probable que el señor Carstens no se haya enterado, pero el capital mexicano está concentrado en un puñado de personas. El 1% tiene en su bolsa el 25% de la riqueza y el 10% es dueño del 60% de los activos económicos del país.

Si este hombre no se calla pronto, a esos privilegiados les darán ganas de mudarse también a Suiza, lugar bucólico donde cargarán con buena parte de sus ahorros.

ZOOM: Nadie puede negar que los tiempos por venir serán difíciles. Lo que en realidad no sabemos todavía es donde querrá cada quien estar parado para enfrentarlos. Hay decisiones personales que definen la estatura moral de cada individuo. Quien quiera seguir a Carstens que lo haga. Otros preferirán quedarse porque la gran mayoría no tenemos elección.
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