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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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09 Julio 2017 04:04:00
Carta al profesor Humberto Moreira
Esta es quizá la carta más difícil de escribir de las muchas que he escrito en mi vida. Temo ser tachado de impertinente al ocuparme de asuntos que no me competen personalmente, pero de no hacerlo yo mismo me reprocharía haber guardado silencio por comodidad o por cobardía.

Tengo, señor, muchos motivos de gratitud hacia usted. Durante su Gobierno ocupé un cargo público donde traté de poner mi mejor empeño y mi capacidad. De usted solamente recibí atenciones y pruebas de confianza. Si no lo reconociera, haría gala de ingratitud, la cual siempre he considerado el más detestable de los defectos humanos, reveladora de la miseria moral del ingrato.

Consciente de no ser quién para ofrecer consejos, pero impulsado por el agradecimiento, me siento obligado a expresarle mi opinión acerca de algunas de sus declaraciones ampliamente difundidas por las redes sociales, las que, rogando perdone la dureza del término, me parecieron lamentables.

Desconozco las razones –deben de ser poderosas– para decir lo que dice. Sin embargo, estoy convencido de que al hacer públicos tales señalamientos y descalificaciones es usted el más perjudicado. Airear las diferencias con uno de sus hermanos, en este caso el gobernador Rubén Moreira Valdez, y expresarse de él ofensivamente y con desprecio, no abona nada positivo a la percepción que se tiene de usted, de su carácter y de su actuación como hombre público.

No sé si posee usted pruebas de las acusaciones lanzadas, pero estoy cierto de que la gravedad de estas, al no mediar la prudencia y los lazos de sangre, constituirían argumentos contundentes en cualquier demanda por difamación.

Tampoco hace ningún favor a su expartido, que lo llevó a la Presidencia Municipal de Saltillo y al Gobierno de Coahuila, al ufanarse de haber sido quien, por decirlo así, nombró a su sucesor en la Gubernatura. Cuando lo afirma, niega en redondo la existencia de cualquier atisbo de democracia interna en instituto político del cual fue usted líder nacional.

Por otra parte, si, como asegura, conocía desde niño las supuestas limitaciones de su sucesor, ¿por qué empujó su candidatura? De darle crédito a su dicho, usted sería directamente responsable de lo que ahora le parece reprobable.
Afirman los clásicos que alabanza en boca propia es vituperio. Dejemos a la gente, a quienes nos rodean, juzgar nuestras acciones, y evitemos ser propagandistas de aquello que creemos haber hecho correctamente y es digno de reconocimiento.

Tampoco me parece pertinente defender a estas alturas a uno de sus hombres de confianza, Javier Villarreal Hernández, según usted víctima de una trampa urdida desde el Gobierno estatal. ¿Cómo olvidar su encarcelamiento, así como las propiedades y las cuentas multimillonarias en dólares que la Policía estadunidense le descubrió e incautó? La lealtad, siendo como es uno de los valores más admirables, también tiene límites.

Avivar escándalos o protagonizarlos es lo menos que necesitan Coahuila y México en estos momentos, cuando se acumulan tantas fuerzas adversas a nuestra superación.

La aseguro, aunque posiblemente le resulte difícil de creer, que escribo con la mejor intención y total buena fe. No soy quién para juzgar a nadie, pero desde el fondo del corazón creo que le haría un gran favor al estado y a su familia, y se haría uno a usted mismo, si en ciertas ocasiones no desaprovecha la oportunidad de callar.

Atentamente
Javier Villarreal Lozano


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