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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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09 Septiembre 2018 04:00:00
Carta de Helen
QUERIDOS AMIGOS Qué tal les va en este nuevo ciclo escolar, tanto a ustedes papás como a sus hijos, porque quiero suponer que los que me hacen el honor de leerme son entre adultos jóvenes en adelante, deseo todo marche bien con el favor de Dios.

Recuerda n que en la colum na del pasado domingo les comenté que mandaría la carta de Helen y aquí está. No sin antes advertirles que es una carta de una víctima de abuso sexual, por lo que dejo a su consideración el que lo lean o no personas sensibles a este tema tan doloroso, así como menores de edad, para evitar herir susceptibilidades.

CARTA DE HELEN (nom bre ficticio ) del libro Cura el Cuerpo, Elimina el Dolor”, del Dr. John E. Sarno, editorial Sirio, págs. 47 y 48.

“Unos meses antes de los hechos que Helen describe en su carta, yo (el autor) la había curado de su dolor de espalada. Al cumplir 47 años recordó haber sufrido abusos sexuales a manos de su padre durante su infancia y adolescencia. Helen decidió entrar a un grupo de apoyo para mujeres adultas víctimas de incesto. El día de la primera reunión la espalda comenzó a dolerle, pero como había sido paciente mía no se preocupó, ya que conocía la razón sicológica que estaba detrás de ese dolor. Para describir lo que sucedió a continuación, es mejor usar las propias palabras de Helen: fui a la reunión con las otras seis mujeres e intenté controlarme y no dejarme llevar por mis emociones y mi infelicidad frente a personas que acababa de conocer.

Quería ver si este tipo de grupo era el indicado para mí. Pero por mucho que intentara mantener una cierta distancia, me vi abrumada por la cantidad de dolor y sufrimiento que el abuso sexual había causado en las vidas de estas mujeres y también en la mía.

Dura nte las 48 horas siguie ntes el dolor fue aumentando gradualmente hasta obligar a Helen a quedarse postrada en cama: estaba paralizada por el sufrimiento.

Le dijo a su marido que no entendía por qué sentía tanto dolor. Como había seguido mi tratamiento comprendía el propósito sicogénico del dolor y se preguntaba por qué la terapia habitual no estaba funcionando. Él le respondió “Estás hablando de 40 años de ira reprimida”. Esto es lo que sucedió a continuación (según cuenta en su carta):

“Y entonces , en un instante, comencé a llorar. A llorar como nunca había llorado. A derramar lágrimas llenas de ira, de angustia y de desesperación. Lágrimas duras y profundas sin control, que eran mucho más que una queja sobre mi dolor de espalda. Y me escuché a mí misma decir cosas como ‘Por favor, protégeme, no quiero salir nunca de debajo de esas mantas, tengo tanto miedo.

Por favor, protégeme, no me hagas daño, quiero cortarme las venas. Por favor, déjame morir, tengo que escapar, me siento enferma’, y muchas otras cosas más. No podía parar, y, Dios lo bendiga, mi marido me abrazó durante todo el tiempo. A medida que lloraba y que exteriorizaba todos estos sentimientos fue como si hubiese, literalmente, un canal o una tubería entre mi espalda y mis ojos, a través del cual el dolor fluía hacia fuera. Yo sentía cómo el dolor fluía hacia afuera a medida que lloraba. Fue una experiencia extraña e increíble. Supe, realmente supe, que lo que estaba sintiendo en ese momento era exactamente lo mismo que sentí cuando era niña, cuando nadie me protegió ni cuidó de mí; el mismo miedo, mismo dolor, la misma soledad, la misma vergüenza, el mismo horror:

Cuando lloraba volví a ser nuevamente esa niña y reconocí las emociones que había sentido toda mi vida y que siempre había considerado absurdas o, como mínimo, extrañas. Quizá había perdido toda conexión con mi cuerpo y había reprimido todo lo que sentí cuando era joven. Pero los sentimientos estaban ahí y ahora fluían hacia afuera de mí ser”. (Comenta el autor y agradece a Helen el autorizar publicar parte de su carta). La carta ilustra perfectamente el proceso que existe tras el SMT (síndrome de miositis tensional), recordemos que al parecer la ira tiene el papel protagónico en este síndrome. Con esto amigos queridos, les recuerdo que el contener la ira inconsciente nos puede llevar a somatizar dolores físicos muy fuertes que se pueden revertir en el proceso sicoterapéutico, de ahí la importancia de acudir a ayuda profesional, este tipo de traumas debe ser desactivado, no dejemos que las heridas emocionales no sanadas nos sigan llevando por caminos sinuosos, pudiendo sanar el alma. Evitar con esto, las necesidades de dependencia, conflictos sobre sexualidad, problemas de identidad o sentimientos de impotencia, de humillación y de vergüenza, por mencionar algunos síntomas que vienen de la raíz. En Resumen, las personas con SMT sienten una gran necesidad de buscar la aprobación de los demás en cualquiera de sus formas: amor, admiración o respeto.

Y cabe señalar que no está mal buscar esto, de ninguna manera, pero en el inconsciente los síntomas son muy importantes para sanarlos Amigos queridos les de jo un abrazo fraterno, hasta la próxima, su amiga VERÓNICA, Diosito por delante.

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