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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila.

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07 Diciembre 2016 03:00:00
Casinos infantiles
No solo los adultos se convierten en ludópatas, que es la adicción por los juegos, sino también los niños y adolescentes, y en las diferentes cabeceras municipales del país se puede observar a diario ese tipo de situaciones. En especial, en negocios de juegos ubicados en pleno centro o aquellas zonas consideradas primer cuadro de la ciudad.

Cualquiera de nosotros lo hemos visto a diario esos lugares que en apariencia se ven inofensivos, porque no se ve un malviviente o venta de alcohol, pero contrario a lo que se piensa, son lugares en donde existe un constante peligro para la juventud, y que todos nosotros lo vemos a diario en plena luz esos locales en donde muy apenas hay espacio con las maquinitas de juego en video o de azar.

Sus principales clientes son jóvenes estudiantes de secundaria, dado que siempre portan el uniforme de su institución. La mayor parte de las ocasiones los clientes de esos sitios acuden los jueves y viernes, juntándose en grupos y la verdad es que parece que no van a clases porque llegan muy temprano y se van hasta en la tarde.

También los hay aquellos que llegan entrando la tarde para irse del establecimiento a partir de las siete de la tarde, es como si respetaran el horario de clases.

Y aunque muchos de los adultos consideran inofensivos estos casinos infantiles en donde tanto los juegos de azar y video juegos a diferencia de los casinos para adultos, no se maneja dinero se tiene la creencia que eso lo hace menos grave o peligroso; por la sencilla razón de que son solo juegos electrónicos.

Lo más que puede llegar entre estos jóvenes son las apuestas para el refresco, pero lo grave es que muchos de estudiantes se quedan emocionados jugando brincándose las horas de la escuela, diciendo mentiras en sus casas y seguramente viéndose afectados en sus materias por las ausencias marcadas por los docentes.

Ahora sí que en este caso no se le puede culpar a las instituciones educativas o la Secretaria de Educación Pública, sino directamente a los padres de familia son a los únicos que pueden intervenir de inmediato, para que vigilen bien a sus hijos, que tan pronto observen faltas y calificaciones bajas verifiquen bien con el catedrático el motivo de sus notas bajas, pero sobre todo las asistencias sin justificar.

Esta situación ya no se puede considerar algo a la ligera, sino cada vez está tomando más fuerza hasta el grado de que al día de hoy es considerado ya un problema social en donde muchos niños y adolescentes, sobre todo estudiantes, acuden a esa clase de establecimientos donde hay juegos electrónicos.

No son centros de apuestas ni mucho menos, pero son lugares en donde los pequeños se aficionan o bien se vuelven ciertamente ludópatas, pero no apuestan dinero como lo hacen los adultos en los casinos.

El problema es que con las máquinas de juegos si se apuesta dinero y eso no es correcto, porque luego empieza en las personas la ludopatía, que es el vicio por el juego, por las apuestas.

Pero este problema social no debemos de endosárselo a ninguna autoridad, sino los padres de familia deben de estar involucrados y hacer algo al respecto. Es por eso la insistencia en que los papás deben vigilar a sus hijos, si observan que tienen bajas calificaciones tienen que acudir con los maestros y si descubren que no van a clases por ir a esos negocios, entonces ellos tienen que ser estrictos con sus hijos.

Los padres de familia deben emprender acciones correctivas, porque primero que todo está la escuela y en especial los niños y jóvenes deben desarrollarse en un ambiente social tranquilo. Es mejor que los niños vayan al parque, que entren a algún club social, a algún equipo deportivo y no que pierdan su tiempo en esos sitios donde hay muchos juegos electrónicos de los que nada positivo aprenden, sino todo lo contrario.

El problema social comienza cuando los estudiantes acuden a esos centros de diversión, pueden volverse “aficionados”, a esos espacios y eso podría generar problemas de deserción escolar, es decir, no se trata solo el hecho de irse de “pinta” o bien que no vayan a la escuela, sino se exponen a convertirse en adictos a los juegos y algún día serán adultos con un vicio muy arraigado. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) http://www.intersip.org
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