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Rubén Aguilar Valenzuela
Rubén Aguilar Valenzuela
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Rubén Aguilar Valenzuela. Licenciado en Filosofía, Maestro en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Presidente Ejecutivo de Afan y Asociados, S.C. Es profesor de Ciencias Políticas y de Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Fue Coordinador de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República (2004 al 2006) y también de la Secretaría Particular del Presidente (2002 al 2004). Ha sido consultor de UNICEF, UNESCO, OEA, PNUD, BID, BM, UE y agencias de cooperación de Holanda, Alemania y Estados Unidos. En México del IMSS, DIF-Nacional, INI, la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de la Ciudad de México y de la Coordinación Presidencial para la Alianza Ciudadana. Fue editor de la revista Cuadernos del Tercer Mundo. Editorialista de El Universal (México), El Financiero (México) y articulista de las revistas Estrategia y Proceso. Actualmente su columna se publica dos veces por semana en El Economista (México) y una veintena de periódicos de los estados. Escribe mensualmente en la revista Etcétera temas de comunicación política. Es autor de quince libros. Los más recientes: La comunicación presidencial en México 1988-2012 en colaboración con Yolanda Meyenberg Leycegui (2015), Los saldos del narco: el fracaso de una guerra, en colaboración con Jorge Castañeda (2012), y La Sociedad Civil en México (2012).

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01 Noviembre 2017 04:00:00
Cataluña
La mayoría silenciosa que no quiere ver a Cataluña separada de España, porque sabe bien cuáles serían las consecuencias económicas, políticas y sociales, dejó libre el espacio de la calle y de los medios internacionales a la minoría de catalanes que sí quiere separarse de España.

Eso permitió se construyera la idea de que la gran mayoría de los catalanes estaba por la independencia, pero no es así. La minoría ha construido un discurso basado en el sentimiento nacionalista, siempre peligroso, que convence a un sector de la sociedad catalana y llama la atención de los medios internacionales.

El pasado domingo esa mayoría silenciosa decidió salir a la calle y manifestar su posición. Los organizadores, en la marcha que se realizó de Barcelona, dicen participaron más de un millón de personas y la Policía 300 mil. Ahora, los que quieren permanecer en España se manifiestan. Lo habían hecho también el pasado 8 de octubre con un número similar de participantes.

Los independentistas, más allá de lo que diga la Constitución española, no pueden tomar decisiones a nombre de la mayoría de los catalanes. El primer debate tiene que darse al interior de la sociedad catalana. Le corresponde a ellos y sólo a ellos. La mayoría es la que decide. El Estado español, como le corresponde, ante el intento separatista, ha asumido la autoridad en Cataluña.

Las diversas encuestas, con diferentes números, señalan con claridad que la mayoría de los catalanes quiere permanecer en la unión de las diversas autonomías que integran España. Plantean que es necesario revisar el actual estatuto y dar más espacio de acción al gobierno catalán. Eso, sin duda, se puede y debe discutir por los mecanismos correspondientes.

El Estado español ha citado a elecciones generales en Cataluña, para el 21 de diciembre de este año. En ellas, un mecanismo dentro de la Constitución se verá si lo que dicen las encuestas es cierto. En ese caso las mayorías, con su voto, habrán de decidir cuál es el camino a seguir. Si esta mayoría vota a los partidos y candidatos que están por la independencia el Estado español tendrá que replantear su estrategia y reconocer esa realidad, pero también, de ser el caso, los independentistas deberán sujetarse al voto de la mayoría.

En 51 días se sabrá cuál es el resultado. Mientras la mayoría silenciosa cayó, los independentistas gozaron de un espacio que no tuvieron que compartir con nadie. Ahora el espacio físico, el de las ideas y el simbólico está en disputa. Llegó el tiempo, por la vía legal, de que los catalanes decidan lo que ellos quieren.

Lo cierto es que el Gobierno catalán ahora destituido, que actuó al margen de la ley, promovió un nacionalismo emocional, al que se sumaron muchos catalanes, que no advirtió a la población sobre cuáles son los costos de la separación y cuáles las consecuencias de la misma. Nunca abrieron un real debate por los mecanismos institucionales y actuaron al margen.

Los nacionalismos y los nacionalistas suelen ser peligrosos y fuente de división y también de exclusión de los que no piensan como ellos. Sólo hay lugar para los suyos. Los demás son traidores a la causa y enemigos de la patria. Se deja de ver a los otros, a los que no son ellos. Se deja de ver el interés colectivo, para sólo mirar, en una visión mesiánica, el futuro luminoso que ellos imaginan.
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