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12 Junio 2018 04:00:00
Catedral
Por: Carlos Mata

“Pero tenía los ojos cerrados. Pensé mantenerlos así un poco más. Creí que era algo que debía hacer (…). Yo seguía con los ojos cerrados. Estaba en mi casa. Lo sabía. Pero yo no tenía la impresión de estar dentro de nada.”. Así se siente leer Catedral (Anagrama, 2007), un vertiginoso paseo entre historias tan cotidianas que podrían ser la nuestra.

Raymond Carver (1938-1988) fue un poeta y cuentista estadunidense, siendo este último género el que lo consagró como uno de los grandes escritores del siglo pasado. Su prosa minimalista le dio un nuevo tono al relato corto norteamericano, por ello es considerado uno de los fundadores del realismo sucio.

Catedral, el tercer libro de cuentos de Carver, fue publicado en 1983 y está compuesto de 12 relatos cortos. En ellos encontramos historias sobre personajes de lo más común: un hombre desempleado y alcohólico, una mujer que vende suplementos de puerta en puerta, parejas que se separan o familias que casi se vuelven a encontrar. Estas se complementan con un lenguaje sencillo y una inercia en el ritmo que se mantiene durante cada uno de los cuentos. La cotidianeidad destaca en todos los relatos, haciendo casi imposible no sentir algo al leerlas.

Otra de las virtudes de Catedral es la capacidad de crear tensión en el lector. Conforme pasas las páginas, una sensación de que algo está a punto de suceder te invade y no te abandona hasta que el cuento termina. La gran virtud en esto es que las anécdotas contadas parecen carecer de relevancia, no hay un conflicto claro en la mayoría de los cuentos.

La estructura clásica del genero se rompe, como si lo que el autor nos está contando fueran fragmentos de algo más grande y no historias con un inicio, un desarrollo y un final. Y es que en realidad no son sólo cuentos, son fragmentos de vidas.

Hay dos cuentos que, a mi parecer, son los highlights de este libro. Uno de ellos es Parece una Tontería, donde una madre ordena un pastel para la fiesta de cumpleaños de su hijo, la cual no llega porque el niño es atropellado ese mismo día. Resulta emotiva la reacción de los padres al estar en el hospital, a su vez, el pastelero toma un papel de amenaza latente, siendo aquí donde esta sensación alcanza su ápice en todo el libro.

El otro es el cuento que da nombre al libro, Catedral, que es la historia de la visita de un hombre ciego a una vieja amiga. Este es contado desde el punto de vista del esposo, un hombre lleno de prejuicios hacia la gente ciega, pero a lo largo del cuento vemos como este cambia al ponerse en los zapatos del hombre ciego. Según el propio Carver, este cuento resultó diferente a cualquier otra cosa que había escrito, está lleno de generosidad y afirma algo.

Las historias de Raymond Carver no sólo nos demuestran su calidad como escritor, también nos muestra su visión del mundo. Su agudeza al narrar nos convence de lo entrañable que puede ser la vida cotidiana.
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