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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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17 Enero 2017 03:00:00
‘Catón’ y la sucesión
Por criticar a Rubén Moreira y advertir de su propósito de instaurar en Coahuila un maximato, Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, fue incluido en la lista negra del Gobierno. El poder olvida que, por reconocer también sus aciertos, aun en contra de la opinión general, el periodista ha sido increpado por sus lectores. Él dice que son cuatro. Pero para tener una idea de cuál es realmente su público y su impacto basta un dato: más de 150 periódicos del país publican diariamente sus columnas De Política y Cosas Peores y Mirador. También es autor de Plaza de Armas y Manganitas. Entre sus lectores figuran presidentes, amas de casa, gobernadores y artistas.

En su columna capital (De Política…) titulada Opción Ética (Reforma 16.12.16.), Fuentes denuncia: “Con actitud despótica el gobernador ha implantado un ambiente opresivo en el cual quienes disienten de su proyecto –tengo el honor de contarme entre ellos– son objeto de insultos, de ilegal espionaje, de acoso en las redes sociales, de bajunos ataques en los medios que ha comprado”.

En reuniones con priistas y en privado, el gobernador Moreira suele advertir: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición”. El aforismo pertenece a san Ignacio de Loyola, a quien, por “respeto” al Estado laico, no se le da crédito. La sentencia, por cierto, es una de las preferidas de la dictadura castrista –implantada hace 58 años– para seguir enquistada en el poder.

La disidencia de “Catón”, con respecto al proyecto sucesorio del gobernador, no es nueva ni producto del azar, sino de la observación y el análisis, de una convicción democrática y de una genuina preocupación por el futuro de Coahuila, la cual comparten amplios sectores del estado. El clima de odio, el temor sembrado entre la sociedad y el acoso a periodistas (“tengo el honor de contarme entre ellos”, escribe “Catón”) y agentes políticos (Armando Guadiana, Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar, Isidro López, Javier Guerrero, Jericó Abramo, Hilda Flores y Noé Garza) son efecto pernicioso de una sucesión dirigida y tolerada –por acción u omisión– desde la Presidencia de la República y el PRI nacional.

Sobre una de las fracturas hasta ahora más visibles en el partido gobernante, Fuentes escribe, en su texto del 16 de diciembre: “La renuncia de Javier Guerrero al PRI es un valeroso acto de dignidad y coherencia personal que será reconocido y apreciado por la gente de bien. El diputado de Coahuila no sale de aquel PRI en el que durante muchos años militó al lado de priistas como Luis Donaldo Colosio, que procuraban hacer de la tarea política un factor de beneficio para México y los mexicanos.

“(Javier) deja de pertenecer al PRI que ha tendido un manto de protección, fincado en la impunidad y las complicidades, sobre el régimen que los coahuilenses llaman ‘moreirato’, el cual pretende perpetuarse mediante la imposición por parte del gobernador, Rubén Moreira, de un sucesor que le sea incondicional. El haberle dejado manos libres para el logro de su fin hace de la dirigencia nacional del PRI cómplice de ese régimen que valiéndose de procedimientos indebidos impulsa al alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, quien obtendrá la candidatura priista sólo por su total entrega a Moreira. Éste busca instaurar un maximato que le permita tener en el estado una fuente de poder y de recursos económicos para ulteriores planes propios y de personas allegadas a él”.

“Catón” sabe de lo que habla. Tiene el pulso del país. Y a la hora de tomar partido en el espinoso tema de la sucesión, lo hizo por Coahuila. Tan pronto dio ese paso, el aparato le aplicó el lema sobre la disidencia y la traición del patrono de los ejércitos espirituales.
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