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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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19 Febrero 2017 04:00:00
Celebremos el amor cada día de nuestra vida
“El amor es un corazón dispuesto a saborear la amargura y a endulzarla poco a poco”. Gustavo Lastra. Cantautor e Ingeniero en electrónica y comunicaciones mexicano.

Empezaré esta entrega por decir algo que he señalado en algunas otras y que es el hecho de que no me gusta celebrar los “días de”. Ni el Día de la Madre, ni el del Padre, ni el Día de la Mujer ¿Existirá el Día del Hombre? ¡Vaya! No celebro ni mi cumpleaños. Y no lo hago por pose, como muchas personas que conozco, sino por la sencilla razón de que considero que se debe celebrar la VIDA cada día, que es la única oportunidad que tenemos de hacerlo.

Bueno, como excepción sí celebro la Navidad, pero sólo porque es el día de Él, con mayúscula. Y por obvias razones tampoco celebro el Día del Amor y la Amistad, simplemente porque siento y creo se debe amar, por lo menos a quienes nos rodean, cada día que compartimos, nos compartimos con ellos, los depositarios de nuestro amor y amistad.

Sin embargo, no quise desaprovechar que durante la semana pasó precisamente la última de las fechas citadas para traerles una recomendación literaria que reconozco conseguí en la última Feria del Libro de la ciudad –aunque el pinchi Gobierno del Estado se empeñe en decir que es de Arteaga o de Coahuila– y que desde que lo leí, decidí guardar para esta ocasión por el solo tema que aborda. El libro es una antología intitulada Es herida que duele y no se siente, cuya selección y prólogo corrió a cargo de César Arístides, poeta, editor y reseñista literario nacido en la Ciudad de México, y me permitiré tomar parte del segundo, el prólogo, para de algún modo resumir lo rico que es el libro en descripciones amorosas, refiriéndose al amor de pareja, a través de la poesía, y en posteriores entregas les dejaré algunos de dichos poemas.

Dice su autor: “Llega el momento en que sientes una frágil inquietud, un dolor tibio, apenas perceptible, una astilla que te hace llorar pero también sonreír, estremecerte. Todo te arrulla y a veces te marea, y las sensaciones extrañas dibujan en tu memoria una mirada, unos labios, la voz, el brillo de los ojos. Sí. Quieres ver a esa persona día y noche, en sueños y en sombras, en jardines y en calles, hablar con ella y atrapar su voz y el gesto que te fascina, la sonrisa que te hace olvidar tantas cosas. Sí. Estás enamorado(a). Piensas en qué le dirás cuando estés cerca, que broma hacerle, que historia contarle, cómo hacerla reír, pero al verla olvidas TODO. Pero ¿Cómo llegas a ese estado? ¿Por qué olvidas todo por esa persona? ¿Qué poder tiene el amor que desbarata tu fortaleza y roba tus pensamientos? ¿Por qué te quita el sueño y obliga a llorar de profunda dicha y miedo infantil? ¿Qué demonios es el amor, qué demonio es, que se cubre con rostro dulce y fragilidad de nube? Sin duda uno de los temas más visitados en la poesía universal es el amor. Poetas de todas las naciones han expresado su pasión amorosa, han tratado de descifrar su esencia y explicarlo, y sólo han terminado por inquietarse con sus designios más que llegar a una definición. “Es herida que duele y no se siente”, es una antología con muchos de los versos más intensos escritos sobre el amor y su locura, sobre el amor y sus rostros y enigmas, sobre el amor y sus alabanzas y maldiciones”.

Y digo yo que dicho libro, editado por Alfaguara Juvenil –más allá de que se esté o no enamorado– nos presenta diversas perspectivas del amor de pareja a partir de la poesía de TODOS los tiempos, convirtiéndose en una antología muy completa sobre el tema en cuestión, que merece por mucho ser leído y disfrutado; sobre todo porque a través del mismo te adentras en el oscuro y luminoso mundo del enamoramiento, sin padecer –afortunadamente– sus consecuencias.

Y como adelanto, uno de sus mejores textos, precisamente el que da título al libro:

DEFINIENDO EL AMOR

Es hielo abrasador, es fuego helado

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada

que dura hasta el postrero parasismo,

enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño amor, este es su abismo:

¡Mirad cual amistad tendrá con nada

El que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo
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