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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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30 Diciembre 2017 04:05:00
Cenizas y estiércol
El Ave Fénix. (No, Gato Félix no se ha volvido). Dice el relato que cierto empresario negociaba con un soberbio zoológico donde, no obstante, el Ave Fénix se echaba en falta. Tanto lo buscó el empresario, Poldero de nombre, que finalmente ahí tenía el Fénix. Muy bien, pero eso sólo al principio, porque los visitantes terminaron por aburrirse de un pajarraco que nada ofrecía de espectacular. “Admiran changos y leones o al cocodrilo que se tragó a una mujer, pero cómo admirar a un ser tan pacífico y apacible como el Ave Fénix”, le aclaró el administrador.

–A cambiarlo por uno espectacular, decidió Poldero, que había vendido a extranjeros los derechos del Fénix.

–Imposible. Sólo este existe en el mundo, y no tiene pareja. De viejo se prende fuego y emerge milagrosamente renacido. Tal es el Fénix.

–Quizá después de la quema mude de condición. Envejezcámoslo.

Entonces (fijaros bien) Poldero le disminuyó a la mitad su ración de carne, pero el Fénix no envejeció. Le suprimió la calefacción, y nada. Le atascó la jaula con pájaros belicosos, que lo picoteaban. Nada. Metió a su jaula gatos de callejón. El Fénix voló sobre sus cabezas y sacudía sus alas doradas. Dio, por vejarlo, por maldecirlo y vituperarlo. El Fénix, impávido. ¿Que el clima de Arabia es seco? A confinarlo en una jaula pequeña, con una regadera en el techo, que funcionará todas las noches. El Fénix comenzó a toser...

¡Eureka! ¡Viejo lo hemos volvido! ¡Muy pronto se prenderá fuego! Poldero emprendió una campaña publicitaria. “El favorito del público se acerca a su fin”. Para acelerar el proceso atiborró la jaula de malolientes haces de paja y mohosos alambres de púas.

Por fin. La hora sonó. Cierto día (¿usted ha volvido a tomar nota?) el Fénix comenzó a revolver la paja. Poldero se apresuró a firmar un contrato por los derechos de radio, cine y Azcárraga. Comenzaron los preparativos.

Sonó la hora. Durante algunas semanas, por vender tantos boletos como fuese posible, en dólares, Poldero había venido excitando la curiosidad y el morbo del público al anuncio de que el Fénix iba a renacer cualquier día, y ese día llegó. Luces, cámaras, micrófonos en la jaula del Fénix. El gigantesco auditorio donde se montó el espectáculo se atiborró de oligarcas, banqueros de Mónex y petroleros del extranjero. Desde un altavoz, el anuncio del espectáculo que estaba por ocurrir frente a aquel público ávido, morboso.

–¡El Fénix, distinguidos visitantes, es el aristócrata de las aves. Solamente las más raras y costosas maderas orientales lo tientan a construir su nido de amor! (Dicho en inglés).

La cuenta secreta hinchada de dólares. El Fénix movió la cabeza. “¡Ahora renacerá ante los ojos de ustedes!”

Un estremecimiento sacudió el opaco plumaje. Tambaleante, el Ave descendió de su percha y se acunó en el cochinero que Poldero había hecho del país. Las cámaras de cine y televisión se activaron. Estallantes, las luces alumbraron la jaula. Poldero, a todo volumen:

–¡Este es el momento que el mundo esperaba! ¡La leyenda de siglos!

Anidado en su pira, el Fénix pareció caer dormido, provocando la desilusión de un público vicioso del morbo, la nota roja y el espectáculo. Y fue entonces. De repente, el Ave se irguió, miró hacia Poldero y los mercaderes y... ¡Fénix y pira estallaron en llamas que abrasaron el gigantesco auditorio! ¡En minutos Poldero y mercachifles eran sólo un negruzco montón de cenizas y estiércol! ¡Del vendepatrias no se ha volvido a saber!

(Ojalá...)
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