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Juan Latapí
Juan Latapí
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31 Diciembre 2017 03:10:00
Cero y van tres
SUPONGO QUE HAY OCASIONES EN que la diosa fortuna amanece de malas y se desquita con el primero que se le antoja y tal parece que últimamente ya le gusté de cliente. La primera vez que me pasó, resultó incómodo; la segunda supuse que sería una coincidencia; pero cuando me tocó por tercera vez, maldije mi suerte. Y es que en tres ocasiones que he utilizado los servicios de Aeromar, ha hecho conmigo lo que ha querido.

PRIMERA

TEMPRANO, UN VIERNES A PRINCIPIOS de noviembre llevé a mi esposa al aeropuerto para viajar a la Ciudad de México ya que ese día tenía una cita con un especialista a las seis de la tarde. Al llegar al mostrador le informaron que el vuelo estaba cancelado, que si quería podría viajar hasta el próximo lunes. Al preguntar qué opciones nos daba Aeromar simplemente dijeron que lo único que podían hacer era cambiar la fecha para viajar antes de un mes ya que de lo contrario habría un recargo. Pidió el reembolso del boleto y le dijeron que eso no procedía.

NO HUBO MÁS REMEDIO QUE viajar de inmediato a Monterrey y en el trayecto comprar en línea un boleto de avión para la una de la tarde, que resultó más barato y, a final de cuentas, ella tardó menos en llegar a México que yo en regresar a Monclova.

SEGUNDA

EL VIERNES ANTEPASADO LLEGUÉ A las 8:30 al aeropuerto para viajar a México y ya en el mostrador un empleado me dijo que el vuelo traía un retraso de 2 horas y que por ello ofrecerían por cortesía algo para desayunar y, menos mal, porque en el aeropuerto no hay manera de conseguir algo que comer ni que beber; es más, ni un triste garrafón de agua hay. Al poco rato recibí un video en el que los pasajeros que venían de México a Monclova expresaban el susto y molestia porque al avión se le había quemado un motor y tuvo que regresar, por ello la demora.

PASÓ EL TIEMPO –SIN WI-FI porque ahí no hay- y después de la 1:00 algunos pasajeros se empezaron a formar –sin que nadie nos avisara porque tampoco hay sonido local- para la revisión del equipaje de mano y pasar a la sala de abordaje, donde más de 15 pasajeros tuvimos que permanecer de pie porque tampoco hay asientos suficientes.

TERCERA

EL MIÉRCOLES PASADO VOLABA DE México a Monclova cuando el piloto avisó que el aeropuerto estaba cerrado por mal tiempo y que aterrizaríamos en Ciudad Victoria. Sí, el mismo lugar que esa mañana varios periódicos daban a conocer la inseguridad de ese sitio sin ley. Una vez en ese aeropuerto la información que pudimos obtener fue a base de preguntarle a un empleado de Aeromar quien confusamente ofreció la opción de esperarse para regresar a la Ciudad de México en el mismo avión y volar al día siguiente a Monclova. Ante nuestra insistencia para que nos acercaran a Monterrey dijo que Aeromar no vuela a Monterrey y sólo había la opción de regresar. Mientras algunos pasajeros veíamos alguna otra opción, el personal de seguridad y administrativo prefirió tomarse fotos con Susana Zabaleta que venía en este vuelo.

UN GRUPO DE OCHO PASAJEROS optamos por irnos en autobús, primero a Monterrey y de ahí a Monclova. El personal de vigilancia del aeropuerto nos alertó para que no lo hiciéramos por la inseguridad; aún así nos decidimos. Para empezar no había taxis por lo que le llamaron al chofer de una combi para llevarnos a la central de autobuses de Cd. Victoria. Durante el trayecto un matrimonio joven, que venía con su bebé, estaba fúrico porque le habían extraviado una maleta y nadie supo darle razón alguna.
Después de cuatro horas llegamos a Monterrey y, luego de 500 kilómetros de lluvia y neblina, arribamos a Monclova a las 8:30.

ENTRE ESTOS PASAJEROS VENÍA UNA persona de San Buena quien leía “Una columnas de fuego”; persona sencilla y de trato amable que nunca mostró enojo y resultó ser el doctor Mario Rodríguez, el nuevo Director General del Instituto Politécnico Nacional, que venía a un convivio familiar y al que obviamente no llegó. Ahora, un día después, me entero que la nueva Ley de Aeronáutica Civil protege a los pasajeros cuando las aerolíneas hacen de las suyas y que Aeromar debió haberse encargado de llevarnos a nuestro destino final por el medio más rápido y por su cuenta (Art. 7. Fracc. VII -LFPC).

¿CUARTA?

ANTE LAS CONDICIONES CLIMATOLÓGICAS POCO se puede hacer, sin embargo valdría la pena saber hasta dónde es responsabilidad de Aeromar y hasta dónde lo es del aeropuerto de Monclova ya que su equipamiento al parecer no está al nivel. Sin embargo, a final de cuentas, en parte, somos responsables de esto por no quejarnos y permanecer pasivos. Pero por lo pronto habrá que ir a la Profeco con la esperanza de que la diosa fortuna por fin sonría y no sea la cuarta vez que me fastidie. Pero eso será otra historia.

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