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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila.

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27 Diciembre 2016 03:00:00
Choqué con Santa
Ahora la pasada navidad tuve la oportunidad de tomarme una foto con uno de los más famosos personajes sobre la Tierra, y cuando menos lo esperaba me topé accidentalmente en el parque de la colonia donde vivo.

Iba caminando distraído cuando choqué con Santa, y en lugar de enojarse solamente me dijo, “¿quieres tomarte una foto con Santa?” la acepté cayéndome en gracia y a la vez me sorprendí de que todavía tuviera ese niño dentro de mí.

¿Pero quién es realmente Santa Claus?, a la que me di a la tarea de investigar, encontrándome información de que se trataba de una persona de nombre, Nicolás de Bari; era un hombre bueno, nació en el año 360 después de Cristo y, pese a la muerte de sus padres desde su infancia, logró mantener una vida ejemplar, incluso con extraordinario buen humor.

Había nacido en el seno de una familia rica de los países bajos europeos, aunque se dice también que era de Mira, en Turquía y en su edad madura decidió emprender estudios religiosos hasta convertirse en bispo de su tierra.

Precisamente la bondad con la que actuaba y principalmente amor por los niños, lo convirtieron en un santo, por lo que años después de su muerte se le conoció como San Nicolás, Saint Nikolaus o Sinterklaas, según el país donde se le nombre.

Cuenta la historia que este obispo viajó a España, donde tenía la costumbre de hacer anotaciones en un libro rojo en torno al acompañamiento de los niños y, en Ámsterdam, el 24 de diciembre, pasó por encima de algunos tejados para sorprender a los pequeños. Pedro, un moro sirviente suyo, le ayudó a reemplazar con algunos regalos por la paja y zanahorias que los niños zuecos dejan junto a la chimenea.

Esta intrépida empresa le significó la inmortalidad. Santa Claus o Saint Nikolaus o Sinterklaas es ahora el santo patrono de los niños, las muchachas casaderas, los prestamistas, los marineros, los prisioneros y los criminales.

Es además patrono de Rusia, Grecia, las ciudades de Lucerna, en Suiza; Lieja, en Bélgica y Friburgo, en Alemania. Tiene más iglesias que cualquiera de los 12 apóstoles de Jesús: 400 en Inglaterra, 300 en Bélgica y 60 en Roma.

Cuando los irlandeses llegaron a Estados Unidos, lo hicieron cargados de muchas de sus tradiciones, de suerte que se empezó a popularizar la figura de Sinterklaas en el nuevo mundo.

La rápida pronunciación de su nombre derivó luego en Saint Claus, Santa Claus y ya castellanizado en Santa Clós.

Su imagen es ya muy popular en todo el mundo. En China s ele conoce como El Anciano de Navidad, en Europa entera es Papá Noel y en Rusia se le dice Abuelo Escarcha.

Santa Clós es sólo uno de los mitos que se recuerdan en la Navidad, época de muchísimas tradiciones del mundo entero que ahora retomamos dentro de nuestras creencias populares.

Pero en realidad, la Navidad, es decir, la época en la que se recuerda el nacimiento de Cristo, puede ser cuestionada por sí misma, pues la verdadera historia de cómo sucedieron las cosas hace más de dos milenios, suele ser muy diferente a lo que ahora conocemos.

Nunca será suficiente información para los incrédulos o personas de poca fe quienes con supuestas actitudes de golpe de pecho de honestidad de nunca mentirle a un niño se comportan como verdaderos Grinch´s en estas épocas navideñas en donde sin tocarse el corazón les dicen a los niños que Santa Claus no existe.

Para esas personas amargadas y no precisamente amargadas sexuales la existencia o inexistencia de Santa Claus va más que el demostrarlo sino se trata de una cuestión de fe para los niños, pero sobre todo ilusión llena de mucha creatividad y felicidad. Son temas de nunca acabar como aquellos de si existe el amor o no, Dios o un Ser Supremo, La Virgen de Guadalupe, los fantasmas, u ovnis, etc., pero el hecho de no poder verlos tampoco significa que no existan sino es una cuestión de creencias y fe.

No les roben esa oportunidad a los chiquitines de tener esa ilusión llena de historias, leyendas y mitos que tradicionalmente en épocas de Navidad siempre surgen. En donde seguramente en alguna etapa de tu niñez también creíste en Papá Noé, el Niño Dios, o los tres Reyes Magos y que por alguna razón injusta dejaste de creer en ellos, pero ellos aún se acuerdan de ti. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) http://www.intersip.org
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