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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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21 Agosto 2016 04:05:11
‘Citius, altius, fortius’ (primera parte)
Casi todos conocemos el significado del epígrafe que da comienzo a la presente entrega: más alto, más rápido, más fuerte; aunque si me lo permiten, y espero no ser tomado a mal por mi siguiente comentario, creo que a dicho lema le podríamos agregar un nuevo adjetivo: rarus; el cual en su idioma de origen, el latín, no tenía el significado que ahora tiene de “extraño” o “extravagante”, sino el de “poco denso, disperso” y el de “poco frecuente, escaso”, que derivaba en el sentido elogioso de notable o excepcional, como por ejemplo “rara avis”: persona de las que hay pocas.

¿Por qué digo lo anterior? Porque sin sustraerme al espíritu olímpico que ha prevalecido durante las pasadas dos semanas dado la justa que se celebra en Río de Janeiro que concluye justamente hoy; me he permitido traer a ustedes una cuantas, precisamente rarezas, de los tres atletas que además de haberse “robado” la máxima justa veraniega de cada cuatro años, reflejan de manera puntual cada uno de los lemas originales de la cita latina.

Empecemos por la más alta Simone Biles. No, no piensen que me estoy burlando al usar dicho adjetivo en una señorita de tan sólo 1.45 centímetros de estatura, en todo caso este calificativo le aplica en dos vertientes: la espiritual, es decir la que tiene que ver con su formación como persona, y obvio, en la disciplina que practica: gimnasia.

Simone nació en el seno de una familia de siete hermanos y una madre alcohólica y drogadicta; y si de por sí su color era ya un determinante de vulnerabilidad, lo de su madre potencializaba doble o triplemente dicho estado. Sin embargo, esta niña afroamericana fue rescatada y criada junto con una de sus hermanas por sus abuelos maternos, que le dieron cuidado, protección y sobre todo formación.

Un día en que una salida escolar fue suspendida y cambiada por una visita a un centro de entrenamiento gimnástico, la pequeña Biles hizo un par de piruetas que llamaron la atención de los entrenadores del centro en cuestión, al grado de mandarle una nota a sus abuelos pidiendo que consideraran que su nieta practicara dicha disciplina, y de ahí en adelante lo demás es historia.

Pero también es la más alta por la especialidad por ella desarrollada en los ejercicios libres de piso que la ha merecido el honor poco común de llamar a un movimiento o “suerte” gimnástica con su propio nombre: “The Biles”, mismo que consiste en un doble salto mortal con el cuerpo en plancha, es decir, totalmente extendido, y que en la última vuelta, antes de terminar el segundo mortal, hace un giro en otro eje, combinando dos ejes de rotación en un solo salto, lo
cual hace que su cuerpo vaya en una dirección totalmente opuesta a la inicial; movimiento que además, según los mismos físicos, no sólo desafía las leyes de dicha ciencia, sino incluso la ley de gravedad. Y si a ello le agregamos que para ejecutar un doble salto mortal con el cuerpo extendido se debe de tomar mucha altura, esta atleta dobla su estatura por cuerpo y medio con un salto que rebasa fácilmente los 2 metros.

Vamos ahora con el más rápido, obvio, el verdadero y ÚNICO hijo del viento, el jamaicano Usain Bolt, con quien empezaremos por decir que no debería ser tan veloz por un doble defecto genético que tiene, el primero consistente en una escoliosis, es decir la desviación lateral de la columna vertebral; y el segundo, una pierna más corta que otra por un centímetro y medio. Ya sabemos que la simetría perfecta no existe entre los seres vivos y sinceramente una
diferencia de centímetro y medio entre una pierna y otra nada tiene de particular para un abogado como su servidor, para un chef o para un vendedor de bienes raíces; pero cuando las extremidades inferiores son la herramienta de trabajo, hay un problema.

Problema que no existe, pero no para un tipo como Usain “Gold” –como verdaderamente merece ser llamado éste carismático corredor– que tiene una imponente longitud de zancada de 2.43 metros que le permite recorrer 100 metros en tan sólo 41 zancadas, que alcanzan su máxima velocidad entre los metros 35 y 75 metros, para superar los 44.75 kilómetros por hora. Impresionante para un tipo de por sí que ya lo es por sus casi 2 metros de estatura y 94
kilogramos de peso; sus piernas además poseen una gran riqueza técnica en la fase de aceleración con un sprint de fuerza aplicada consistente en mil libras fuerza, cuando en el resto de los velocistas oscila en 500 o 600.
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