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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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28 Agosto 2016 04:05:33
‘Citius, altius, fortius’ (segunda parte)
Contaba el domingo pasado, a propósito del lema de los Juegos Olímpicos, “citius, altius, fortius”, que a dichos adjetivos podíamos agregarle el de “rarus” como sinónimo de notable o excepcional; haciendo una detallada descripción de lo extraordinario que son como atletas Simon Biles, Usain Bolt y Michael Phelps. E igualmente entonces nos quedamos platicando sobre las “extraordinariedades” del segundo, diciendo al respecto que el jamaicano más veloz en la historia de la humanidad no debería ser tanto por su doble defecto genético consistente en escoliosis y lo asimétrico de sus piernas, al ser una más corta que la otra.

Agreguemos entonces que este carismático corredor posee, a más de una imponente longitud de zancada de 2.43 metros, una gran riqueza técnica en la fase de aceleración, con un sprint de fuerza aplicada consistente en mil libras fuerza, cuando en el resto de los velocistas oscila en 500 o 600 libras. Al continuar con el análisis de las rarezas del tricampeón olímpico, su corazón alcanza durante la carrera hasta las 200 pulsaciones por minuto, lo cual permite que
sus músculos se contraigan a un ritmo constante en los últimos 30 metros y en fase de desaceleración, evitando así que se le llenen de ácido láctico para tener una mayor y más pronta recuperación.

Y si lo anterior fuera poco, vale la pena decir que el contacto de una persona normal con el suelo al correr es de 0.12 segundo promedio, pero en el caso de Bolt es de tan solo 0.08 de segundo, lo cual da una diferencia de casi el 33%, significando esto en la práctica que la diferencia entre él y la pista nunca supera los cinco centímetros; movimiento que le da la apariencia de flotar, cuando no de “volar” sobre la pista. Con TODO lo anterior el resultado está a la vista:
nueve medallas de oro en tres disciplinas distintas, en tres citas olímpicas ¡Un hattrick de hatstricksclásico pluscuamperfecto, si usáramos el término futbolero!

Y para concluir la entrega iniciada la semana pasada hablaremos del atleta que honra el adjetivo “fortius”; el más fuerte y que a su vez es el más raro de los tres mencionados: Michael Phelps.

El norteamericano tiene un cuerpo privilegiado en la que cada parte colabora: en primer lugar, sus brazos de gran longitud son la excepción a la regla, que señala que el ancho que ocupamos con los brazos extendidos debe ser semejante a nuestra altura; él es distinto en esto, ya que mide 1.96 metros y sus brazos abiertos alcanzan los 2.8 metros, contando así un par de remos perfectos para impulsarse en el agua.

En segundo lugar, Phelps posee un enorme torso más largo que sus piernas, lo que también ayuda a superar lo que otros nadadores sufren, debido a que estas desaceleran el arrastre por el agua. Otro aspecto importante es su metabolismo, ya que a pesar de su dieta de 12 mil calorías diarias, Phelps sólo posee 4% de grasa corporal, lo cual le permite maximizar así su esfuerzo y alcanzar mayor velocidad. ¿En qué consisten esas 12 mil calorías? En lo siguiente: el
desayuno le ayuda a comenzar el día con mucha energía, aunque posiblemente pocas personas pudieran asimilarlo con su facilidad. Está compuesto por una tortilla de cinco huevos, tres tostadas cubiertas de azúcar, dos tazas de café, un tazón de avena, tres crepas de chocolate y tres sándwiches con huevos fritos, cebolla, tomate, queso, lechuga y mayonesa.

Parece que también llega con hambre a la hora de la comida, donde ingiere dos sándwiches de jamón y queso con mayonesa, medio kilo de pasta con tomate y queso, y tres latas de bebidas energizantes. La pasta también estará presente en la cena, donde comerá otros 500 gramos, más una pizza familiar de pepperoni y de nuevo un par de latas de bebida energizante. Además, Phelps tiene la mitad de cargas de ácido láctico de lo que es normal y eso le brinda la
posibilidad de recuperarse mejor tras el esfuerzo que significa cada competencia. Sumándole a todo lo anterior otra rareza: una doble articulación en sus tobillos que le permiten movilizar los pies –extremadamente largos– con una gran agilidad como si contara con aletas de verdad.

Agregando para culminar una rareza más: su corazón tiene desarrollada de tal forma la pared del ventrículo izquierdo, que el miocardio se contrae más de lo normal, consiguiendo así que su corazón se vacíe absolutamente de sangre con cada latido y se pueda volver a llenar, lo que sirve para aumentar la capacidad máxima de oxígeno que el organismo atrapa en el aire, transporta y consume por unidad de tiempo y de peso; es decir, su cuerpo funciona como si
tuviera dos corazones trabajando a la hora de cada intervención olímpica. Es más, este tipo es taaan raro que, hasta cuando pierde, como sucedió por única vez durante este verano en su prueba favorita, nado de mariposa, lo hizo con un admirador suyo, con quien se fotografió ocho años atrás, cuando el segundo era todavía un niño, y en un segundo lugar con triple empate, rompiendo récord también en términos de estadística y posibilidades.

¡Tres Dioses del Olimpo! ¡Tres rarezas que resumen el espíritu olímpico!¡Citius, altius, fortius!
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