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Federico Muller
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15 Septiembre 2017 04:00:00
Claroscuros en el Gobierno
En el presente artículo se hace una revisión general del comportamiento que ha tenido la Administración del presidente Enrique Peña Nieto en cuanto al desenvolvimiento de la deuda pública y las metas fiscales. Parece ser que las perspectivas de crecimiento para la economía mexicana mejoran, pues se prevé que 2017 cierre con un avance del PIB de 2.4%, según JP Morgan, basándose en la demanda externa de productos manufactureros que el país exporta, aunado al crecimiento del consumo de las familias. Hay que recordar que en los primeros meses de este año el cálculo de crecimiento de varios organismos internacionales no rebasaba 1.6 por ciento.

También es muy probable que el buen comportamiento tanto del Gobierno en el manejo de su déficit presupuestario -que pretende sea el más bajo como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) en el último año del sexenio- como de la economía nacional hayan influido para que dos reconocidas calificadoras externas elevaran la calificación de México, al pasarla de negativa a estable, lo que sin duda generará más confianza en los inversionistas.

No obstante lo anterior, en el sexenio del presidente Peña Nieto (2012-2018) la deuda pública ha aumentado en gran escala: en 2012 representó 34.4% del PIB, y para finales de 2017, según estimaciones moderadas, rondará 50%, cuyo costo financiero será de 568 mil 198 millones de pesos, según la Secretaría de Hacienda. Por otro lado, durante el sexenio también se ha presentado el incumplimiento de metas fiscales que el Gobierno propone en su presupuesto cada inicio de año, y no cumple por diversas razones: algunas de ellas, y tal vez las más relevantes, han sido la caída de los precios del petróleo, el aumento del gasto público y la depreciación del peso frente al dólar.

El endeudamiento del país no se limita al actual Gobierno, sino que ha sido un mal que ha estado presente en casi todas las administraciones públicas, al menos desde 1983. Por ejemplo, en la Administración del presidente Fox (2000-2006) fue cuando la deuda pública decreció al pasar de 20.3 a 18.8% del PIB, pero tal logro se debió a las altas cotizaciones del barril de petróleo, que en ocasiones estuvieron por arriba de los 100 dólares. Esto indica que se sigue dependiendo en gran manera de los recursos petroleros.

Mayor gasto público. De poco sirvió la autorización que otorgó el Congreso de la Unión a la Secretaría de Hacienda en 2013 para contratar mayor volumen de deuda pública con el objetivo de elevar el crecimiento económico, pues en lo que va del sexenio el promedio del PIB no sobrepasa 2.2% anual. La mayoría de los recursos obtenidos no se canalizó a la inversión pública, sino que fue a parar al gasto corriente del Gobierno. La obra pública genera un fuerte impulso al sector de la construcción, por el número de fuentes de trabajo que produce, lo que a su vez impulsa el consumo privado y por ende las probabilidades de incrementar la recaudación impositiva, lo que a su vez fortalece las finanzas públicas.   
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