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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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11 Noviembre 2017 04:00:00
Clicks que idiotizan
“Hay un ecosistema de medios sostenido por la atención. Punto. Y eso no nos hace más inteligentes, sino que nos idiotiza. Donald Trump es síntoma de esto”. Estoy 100% de acuerdo. Lo mejor es quién lo dijo: Evan Williams, cofundador de Twitter. El remordimiento de Víctor Frankenstein al darse cuenta de lo que creó: una monstruosidad de clicks que estorban al progreso.

No cabe duda de que las redes sociales tienen beneficios. Por ejemplo para informarse durante una tragedia, como acabamos de ver hace poco con los dos terribles terremotos. Pero también tienen un lado muuuy oscuro.

“Los medios que buscan tráfico se miden sólo por clicks. Por eso citar los tweets de Trump o cualquier otra estupidez es explorar los instintos más rudimentarios. Esto atonta al planeta”, concluye Williams.

El emprendedor explica que el problema de fondo es la calidad de la información que consumimos, que refuerza muchas veces creencias peligrosas, aísla a personas y las cierra a la verdad. ¡Exacto! Refuerza el sesgo de confirmación. Relea “¡No sea usted fake news!”.

Le apuesto que ha presenciado esto en Facebook, Twitter o WhatsApp: gente educada que comparte cosas falsas o sin base. Pareciera requisito para “estar en la jugada”.

Por eso Facebook anunció la semana pasada que información generada por fuentes rusas alcanzó a 126 millones de norteamericanos entre enero de 2015 y agosto de 2017. ¡Uffff!

Un ecosistema de información digital que privilegia clicks, tráfico y plata sobre un debate franco de los puntos de vista alternos necesarios para descubrir mejores alternativas y progresar.

Un fenómeno aplicable a cualquiera, pero sobre todo a los jóvenes. Digamos que los adultos de entre 40 y 60 años somos una generación que se adaptó a la nueva era tecnológica.

Los jóvenes entre 20 y 40 se educaron con las nuevas herramientas. Pero los más chavos casi casi nacieron con un Smartphone (SPh).

Por ejemplo, según el Pew Research Center, 73% de los adolescentes norteamericanos tiene acceso a un SPh. Y algunos de los efectos de vivir siempre conectados son preocupantes.

“La generación iGen (nacidos entre 1995 y 2012) está en el umbral de la peor crisis mental en décadas y la mayor parte de su deterioro se explica por un Smartphone”, señala Jean Twenge en un gran artículo de The Atlantic.

El profesor de sicología de la universidad estatal de San Diego explica que los SPh y tabletas afectan todos los rincones de la vida de los jóvenes, sin distinguir geografía o nivel económico.

“Los iGen son sicológicamente más vulnerables que los millennials y sus tasas de depresión y suicidio han explotado desde 2011”, advierte.

Piénselo. Si como dice Williams, hoy en día estamos idiotizados con tanto click, ¿Qué nos deparará el futuro si los chavos viven pegados con sus SPh para todo?

Si no se hace nada, el panorama será sombrío y retador: más fake news y polarización, menos reflexión, más promesas falsas de tlatoanis populistas y menos progreso.

¿Qué hacer? Difícil parar una pandemia social con un mecanismo de contagio instantáneo y omnipresente. Por eso, habría que aplicar 7 consejos prácticos en nuestro círculo cercano:

1. Limitar uso de dispositivos conectados. Trabajo, juntas, reuniones familiares o con amigos, etc. Ah, y sobre todo controlando el uso a los chavos (dificilísimo).

2. Discriminar fuentes de información. Relea Las 3 Eses.

3. No compartir noticias de las que no se esté seguro.

4. Buscar puntos de vista alternativos, sobre todo en asuntos importantes.

5. Leer también con profundidad. No sólo en “140 (o ahora 280) caracteres”.

6. Tener pasatiempos que no involucren una pantalla.

7. Ser selectivo en sus clicks. No sólo representan el uso de su tiempo, sino que pueden moldear sus ideas, opiniones y acciones.

Ojalá le sirvan, pues tenemos una tarea enorme como sociedad.

“No es adicción al Smartphone, es una obsesión. Una adicción está relacionada con el placer, una obsesión con el estrés”, explica Larry Rosen, el autor del libro “La mente distraída”.

Más vale poner alto a estos Frankensteins antes de que derrumben los cimientos del progreso, ¿no cree?

EN POCAS PALABRAS.

“Todos nacemos ignorantes, pero hay que esforzarse mucho para permanecer estúpido”, Franklin.
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