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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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10 Enero 2017 03:00:00
Coahuila: sucesión inédita
El clima político jamás se había emponzoñado tanto como ahora, en el contexto de una sucesión. La renuncia de Javier Guerrero al PRI y su postulación como candidato independiente, apela a sanear la política y a restaurarla como instrumento de servicio, y no de enriquecimiento e impunidad. El requisito consiste en terminar con el monopolio del poder ejercido por la familia Moreira en los 12 últimos años y cancelar su pretensión de perpetuarse en él indefinidamente.

La mayoría de los aspirantes del PRI al Gobierno denunció desde un principio iniquidad en la competencia para nombrar candidato –Jericó Abramo, Hilda Flores y Enrique Martínez hijo–, pero Guerrero fue el único en dar el paso al frente. Con su licencia al Senado, Flores actúa en otro sentido, pero en la misma dirección. Rebelarse contra la imposición comporta riesgos. Guerrero era el priista con más trayectoria: alcalde de San Pedro, diputado federal en cuatro ocasiones, secretario de Finanzas del Gobierno que dejó deuda casi en ceros y subsecretario de Desarrollo Social. También formó parte de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) formada tras el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas.

Esta vez no se trata de una sucesión ordinaria, pues la lucha por el poder se libra a diario, y la electoral cada tres o seis años. El choque ahora es de dos corrientes impetuosas e irreconciliables: la que trata a toda costa de retener el poder, casi por la fuerza; y la que pugna no sólo por la primera alternancia (el PRI gobierna Coahuila desde 1929, hace 88 años), sino también por abrir los expedientes de la deuda, para investigarla y castigar a los responsables de la ruina del estado.

Entre 2012 y 2016, 23 mil millones de pesos del presupuesto estatal –dinero de los coahuilenses– se destinaron a pagar intereses de una deuda cuyo principal monto se mantiene en 36 mil millones, según el último informe del secretario de Finanzas, Ismael Ramos. ¿Cuánta infraestructura y servicios dejaron de prestarse con tal cantidad de recursos a una población de más de 2.7 millones de habitantes? ¿Qué obras, en el gobierno de Humberto Moreira (HM), justifican el endeudamiento por casi 60 mil millones de pesos con una banca usurera?

¿Qué llevó a Coahuila a la circunstancia actual? Dos momentos pueden explicarlo:

1. La aspiración presidencial del gobernador Enrique Martínez (EM) lo distrajo del proceso local de 2005 y HM –uno de sus consentidos– aprovechó la ocasión para hacerse con el poder. El entonces alcalde de Saltillo se promovió por todo el estado con recursos públicos, a ciencia y paciencia de EM, mientras los demás pretendientes (Alejandro Gutiérrez, Javier Guerrero y Raúl Sifuentes) tenían prohibido realizar cualquier actividad proselitista. ¿De dónde obtuvo HM dinero para su campaña?; y

2. La sucesión fraternal. Para los Moreira (Rubén, Humberto, Carlos y Álvaro) no existen límites. La sucesión entre hermanos de 2011, con la oposición de líderes históricos del PRI como Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, pero consentida por Enrique Peña Nieto –¿a cambio recursos de la deuda para su campaña?–, rompió todas las reglas. Todavía hoy es el único precedente, nefasto, en el país. Sin embargo, alterar el orden establecido ha tenido grandes costos. No sólo para Coahuila, sino también para la familia Moreira. Muchas facturas aún no se saldan.
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