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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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01 Septiembre 2016 04:00:49
Cola de rata
A los señores justicia dije una vez, pero no hicieron caso. Hoy, que lograron reaprehender al “Chapo”. ¿Recapacitarán? Les contaba del avaro aquel que en buen escondite atesoraba alteros de monedas de oro y en la cocina tres cachos de queso y uno de pan, provisiones que, magras y ruines, vivían siempre expuestas a la voracidad de un hervidero de ratas que infestaban el tugurio del avaro aquel. Viendo el poco queso y el pan siempre mordisqueados se desesperaba el ruincejo, y qué hacer. ¿Ratoneras? ¿Y malgastar en ellas rajuelas de queso? Nunca dispendio tal. ¿Un gato? ¿Los trozos de pan y los cachos de queso también exponerlos al gato? ¿Custodiar en persona las provisiones a costillas del sueño y las horas dedicadas al deleite onanista de cachondear, flor de tacto, las amarillas rodelas? Jamás. Pero entonces qué hacer.

El avaro se devana los sesos piensa que te piensa, trama que te planea, pero no hallaba la solución. Y así se pasaba los días de claro en claro y de turbio en turbio las noches, y de congoja en congoja su vida entera, que se deslizaba de la depresión al insomnio, y de ahí a la angustia. Pero aquel día, de repente: ¡La solución! (Tomar nota, señores justicias).

Y ocurrió que con paciencia y salivita, como es fama se logra todo en el salivoso mundo de ratas, avaros y señores justicias, el ruincejo ejecutó la primera parte del plan, que fue armarse de paciencia y de una escoba y apostarse cerca del agujero que daba al bajo mundo de los roedores. Y a esperar, vigilar, contener el aliento, hasta que de repente ¡cayó una rata! Y a encerrarla en jaula de alambre, y a dejarla sin comer. (¿Captan el plan?)

Y ocurrió que al paso y peso del tiempo (que todo lo cura, lo enferma, lo agrava y agravia) la rata bufaba de hambre, brincoteando y acalambrándose. El avaro, entonces, le fue cebando cachos de carne fresca, con la que le amansó el hambre. ¿Pero un avaro derrochando en filetes? Carne era, sí, pero de otra rata que acababa de asesinar a escobazos. ¿Pescan ustedes la idea?

Y así los siguientes días: tres rajuelas de carne de rata le amansaban el hambre, pero luego cerrar la despensa, y hasta más ver. ¿La siguen pescando, señores justicias? A carne de rata sobrevivió la reclusa, y le fue tomando sabor y le agarró el gusto, pero al suspendérsele todo era bufar y convulsionarse. ¿Adivinan ustedes el resto?

Exacto: con la roedora en delirio por un ayuno de días, el avaro aprontó la jaula a la boca del agujero que hervía de ratas, abrió la reja y dejó escapar el famélico animal, que de ahí en adelante inició una terrible devastación y una mortandad espantosa entre los roedores, que devolvió la calma al avaro después de que aquel su ingenio le ahorrase el gasto del gato y el queso en la ratonera. Y aquí mi mensaje: señores justicias.

Ratas ya tienen en su poder, civiles y de uniforme que conocen el mundo del narco y el del perseguidor. Presas como las tienen en jaulas de alta seguridad, tales ratas andan a estas horas como perros del mal, espuma en la boca y bilis desparramada. Bilis negra. Señores justicias: al “Chapo” ya lo aprehendieron, ya lo vejaron, lo maltrataron y enfurecieron al máximo. Una argolla de control y a soltarlo allá por los rumbos de... ¿O ustedes también arrastran cola de rata? (¿Sí?).
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