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Gerardo Hernández
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26 Agosto 2017 04:07:00
Coletazos electorales
La impugnación de los comicios del 4 de junio fortaleció a Rubén Moreira en la etapa crítica de su sexenio y debilitó al gobernador electo Miguel Riquelme, quien, a casi 3 meses para el cambio de Administración, debería ser ya la figura dominante. La situación deriva de la incertidumbre por el futuro político de Coahuila. Si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) aplica el Artículo 41 de la Constitución, habrá nuevas elecciones. En tal caso, Riquelme no participaría por haber excedido en más de 5% el tope de gastos de campaña y porque la diferencia de votos entre él y el candidato del PAN, Guillermo Anaya, es menor a esa proporción.

Si la elección ordinaria, Moreira transmitirá el poder a un gobernador interino designado por el Congreso local según el proyecto de la Presidencia de la República, a través de la Secretaría de Gobernación. Pero si el TEPJF revalida el proceso, Riquelme asumirá el 1 de diciembre y entonces empezará a apretar las clavijas. Ahora no, por lo precario de su situación.

La influencia de Rubén Moreira terminará el 30 de noviembre, pero todavía la ostenta. En el proceso de entrega recepción, Riquelme quedó en minoría. El equipo de transición es débil en general, pues recicla funcionarios e incorpora a candidatos a diputados que perdieron el 4 de junio. No hay nuevos perfiles ni expectativas de cambio.

José María Fraustro, exsecretario de Educación y presidente de la Junta de Gobierno del Congreso local, funge como jefe de la transición. Cuatro de las siete mesas de trabajo también son controladas por gente del gobernador (José Luis Flores Méndez, María Teresa Guajardo, Jacobo Pastor García y Fernando Purón) y dos por representantes de otras corrientes con los cuales también tiene relación (Higinio González, rector de la UANE, quien apoyó al candidato independiente Javier Guerrero; y Javier López de Nigris, del Grupo Industrial Saltillo).

Fernando Gutiérrez, exmilitante del PAN, es el jefe de directiva más identificado con Riquelme. Como diputado en la anterior Legislatura local, acompañó a Moreira y al entonces alcalde de Torreón a varias giras internacionales. Desde entonces pudo haberse fraguado su cambio al PRI. Gutiérrez colaboró en la campaña de Juan Antonio García Villa para gobernador y posteriormente se unió a Guillermo Anaya, quien enfrentó a Riquelme en los comicios de junio pasado.

La designación de secretarios técnicos responde al mismo criterio. Excepto Miguel Mery Ayup –derrotado en las elecciones para alcalde de Torreón– y Mario Valdés Garza, regidores de Riquelme en el Ayuntamiento lagunero, la mayoría obedece al gobernador Rubén Moriera: Luis Gurza Jaidar, diputado del PRI (antes panista), Santos Garza, María del Carmen Ruiz Esparza, Rogelio Ramos Oranday y Francisco Aguirre Farías.

Dos días después de iniciar la entrega recepción de un Gobierno decadente y de otro aún sujeto a la ratificación del TEPJF, Moreira y Riquelme viajaron a Torreón para estrenar el teleférico. Paradojas: mientras por un lado la Procuraduría de Justicia acosa al obispo de Saltillo, Raúl Vera, por el mentís que dio en La Haya al discurso oficial sobre derechos humanos, por otra se pasea al de Torreón, Guadalupe Galván, en una cabina que lo acerca al cielo, pero lo aleja de la realidad y de su grey.
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