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Federico Muller
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08 Junio 2018 04:00:00
Comercio internacional: ganadores y perdedores
En el comercio internacional (CI), como es bien sabido en los círculos académicos del área económica, hay sectores ganadores, particularmente aquellos cuyos productos se pueden comercializar en el resto del mundo, sus ventas producen entrada de divisas y en gran manera dependen de la demanda internacional, que busca oferentes que sean competitivos en precio y calidad.

Lamentablemente no todos ganan cuando un país se abre a la competencia internacional y se convierte en exportador, ya que por los acuerdos o convenios firmados, tiene la obligación de comprar o importar mercancías que pueden competir “deslealmente” con productos nacionales, cuyos productores se ven seriamente afectados porque generalmente sus costos son superiores a los del exterior, lo que indudablemente lleva al cierre de empresas y al despido de trabajadores.

Este tipo de industrias no exportadoras, su mercado natural es el doméstico, que pueden atender sin ningún problema, fijando precios que les produzcan ganancias, pero siempre y cuando no se vendan en los anaqueles o góndolas de los supermercados artículos importados y que los consumidores nacionales los prefieran por diferentes razones sobre aquellos de manufactura local.

Por ello, y otras razones, surge la antítesis del comercio internacional: el proteccionismo para salvaguardar a industrias vulnerables a la competencia internacional, a través del “cierre de las fronteras” a los movimientos de mercancías más allá de los límites geográficos del país.

Para medio disfrazar de alguna manera las políticas comerciales proteccionistas, los gobiernos han formulado “obstáculos” transitorios o permanentes al libre comercio que implementan cuando problemas estructurales o coyunturales de carácter económico o político los exijan, como han sido aranceles (impuestos al CI), cuotas, salvaguardas, barreras fitosanitarias y administrativas, entre otros. En el comercio internacional, la trillada frase ganar, ganar no se puede dar en una dimensión amplia.

Algunos gobiernos, para tratar de minimizar el proteccionismo económico, llevan a cabo acciones para ayudar a los sectores que pierden con el CI: si las empresas afectadas optan por la reconversión industrial para mantenerse en el mercado competitivo, durante ese proceso reciben de las autoridades subsidios o créditos fiscales, entre otros, mientras maduran y puedan enfrentar la competencia mundial.

Guerra comercial. Fue precisamente en una reunión de la OCDE, que llevaban a cabo funcionarios de los países afiliados a este “club” y en la que hablaban de fortalecer el multilateralismo comercial, cuando inesperadamente se dio a conocer la noticia de que el Presidente de Estados Unidos establecía tarifas arancelarias, a partir del 1 de junio, de 25% al acero y 10% al aluminio, particularmente para las importaciones que provengan de Canadá, la Unión Europea y México.

Para algunos analistas económicos cercanos al secretario de Comercio estadunidense, la decisión del presidente Trump se debió a la demora que se ha tenido en la renegociación y, por supuesto, la firma del TLCAN, y a los compromisos que adquirió con sus votantes durante su campaña política.

México exportó en 2017 alrededor de 2 mil 500 millones de dólares de aluminio y cerca de 300 millones de dólares de acero. En cambio, la capacidad exportadora de Canadá es superior a la mexicana, en ese mismo periodo le vendió a Estados Unidos aluminio por un monto de 5.1 mil millones de dólares, y 6.9 mil millones en acero.

La decisión del presidente Donald Trump fue unilateral, pues no consideró la opinión de las cámaras empresariales de su país, que se oponían a tales medidas. Para México, según la Cámara Nacional del Acero, las medidas proteccionistas impuestas por Estados Unidos tendrán un costo de 2 mil millones de dólares anuales.
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