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Dalia Reyes
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11 Julio 2019 04:02:00
Comida familiar
Las reuniones familiares en México pueden ser lo suficientemente memorables como para estrechar los lazos filiales o espantar a los extranjeros. Compartir el pan y la sal en nuestro país implica la presencia de tíos, primos, hermanos, cuñados, frente a menús variados y canibalescos, en el amplio sentido del término.

Siempre hay una parte de alguien para deglutir. Los aperitivos están a cargo de las mujeres quienes, luego de saludarse de beso abren un banquete verbal con entrada referente a la delgadez de Esther; un primer tiempo estimulante para continuar con buffet. Se pasa revista a cuanta fémina pertenezca a la familia, sea nueva integrante o reconocida, por instrumentos evaluatorios muy determinantes, todos hechos de modo que quien evalúa nunca queda satisfecha.

Las primas jóvenes suelen ser menos voraces. Se cuentan el santo y seña de los amigos y pretendientes, alaban la buena suerte de la otra y se cuestionan los recursos utilizados para la buena suerte repentina.

Las abuelas, con su jerarquía y autoridad, nada se callan y condimentan cualquier reunión con sus frases de alarma cuando ven un desfile de nietos en fachas. Vuelve a llorar cuando pregunta, por enésima vez, como es que se embarazó Marianita si no recuerda la boda previa. La compasión familiar le construye una historia difícil de explicar e imposible de creer. Los hombres no se ocupan de sí mismos. Los más jóvenes pasan revista a las primas que el año pasado aún se sentaban a comer en la mesa de los niños. Los adultos solo procuran sentarse bien lejos de la muy atractiva cuñada del hermano, a fin de no despertar suspicacias, y se guardan sus platillos de prójimo para disfrutarlos en una sesión de glotonería personal.

Las comidas familiares son siempre inolvidables.
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