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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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03 Diciembre 2016 04:00:00
Como a un dios lo adorarás
Secuela del Día Internacional contra la Violencia de Género, ofrezco a ustedes este muestrario del más refinado machismo y de la misoginia más repugnante en personajes y escritos de la cultura universal, con la disculpa que pudiese otorgárseles: todos ellos fueron hijos de un tiempo y de unas circunstancias determinadas. Aristóteles, para empezar, filósofo griego del siglo 4 antes de nuestra, era que iba a afirmarlo: “Por ley natural unos hombres nacen libres y esclavos los otros”. Su postulado sobre la mujer: “La naturaleza sólo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer es, por tanto, un hombre inferior”. (¿Lógico?)

En el 18 a.C. Hammurabi en el código famosísio que “concibió bajo inspiración divina”:

“Cuando una mujer tuviera una conducta desordenada y dejara de cumplir sus obligaciones del hogar, el marido puede someterla y esclavizarla. Esta servitud puede, incluso, ejercerse en la casa de un acreedor del marido y, durante el período que durase, le es lícito (al marido) contraer un nuevo matrimonio”.

Y ya en los terrenos de Alá: “Los hombres son superiores a las mujeres porque Alá les otorgó la primacía sobre ellas y dio a los varones el doble de lo que dio a las mujeres. Los maridos que sufrieran desobediencia de sus mujeres pueden castigarlas, abandonarlas en sus lechos e incluso golpearlas. No se llegó al hombre mayor calamidad que la mujer”. (El Corán, libro sagrado de los musulmanes, “dictado” por Alá a Mahoma en el siglo 6.)

Las Leyes de Manu, Libro Sagrado de la India: “Aunque la conducta del marido sea censurable, aunque este se dé a otros amores, la mujer virtuosa debe reverenciarlo como a un dios. Durante la infancia, una mujer debe depender de su padre; al casarse, de su marido; si este muere, de sus hijos, y si no los tuviera, de su Soberano. Una mujer nunca debe gobernarse a sí misma”.

¡San Pablo también! En el 67 de nuestra era: “Que las mujeres estén calladas en las iglesias, porque no les es permitido hablar. Si quisieran ser instruidas sobre algún punto, pregunten en casa a sus maridos”.

Lutero, teólogo alemán, reformador protestante, siglo 16: “El peor adorno que una mujer puede querer usar es ser sabia”.

“Los niños, los idiotas, los lunáticos y las mujeres no pueden y no tienen capacidad para efectuar negocios”. Enrique VIII, rey de Inglaterra y jefe de la Iglesia anglicana, siglo 16.

“Todas las mujeres que sedujeran y llevaran al matrimonio a los súbditos de Su Majestad mediante el uso de perfumes, pinturas, dientes postizos, pelucas y relleno en caderas y pechos, incurrirían en delito de brujería y el casamiento quedaría automáticamente anulado”. Constitución Nacional Inglesa, siglo 18.

Lo inaudito: “La mujer debe adorar al hombre como a un dios. Cada mañana debe arrodillarse nueve veces consecutivas a los pies del marido y, con los brazos cruzados, preguntarle: Señor, ¿qué deseas que haga?”, Zaratustra, filósofo persa, siglo 7 a.C.

¡Y Le Mánager de París, tratado de conducta moral y costumbres de Francia, siglo 14:

“Cuando un hombre fuera reprendido en público por una mujer, tendrá derecho a golpearla con el puño o el pie y romperle la nariz para que así, desfigurada, no se deje ver, avergonzada de su faz. Y le estará bien merecido, por dirigirse al hombre con maldad y lenguaje osado”.

Espeluznante. ¿Y ese rostro amoratado de la víctima porque al macho no le sirvió caliente la cena ahora que de madrugada le llegó intoxicado de licor? ¿Ese qué? (Uf).
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