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Vicente Bello
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02 Septiembre 2018 04:00:00
Como locomotoras, chocaron Morena y PRI
Visiones de un México absolutamente inédito hicieron retumbar ayer como un trueno al Congreso de la Unión hasta el crujir de sus cimientos mismos. Dos martillazos –uno de Porfirio Muñoz Ledo, presidente del Congreso, y otro de Andrés Manuel López Obrador, éste muy lejos de ahí- cayeron sobre el derruido edificio del presidencialismo priísta y han demolido todavía más las ruinas en que quedó después del golpe electoral del pasado 1 de julio.

Y, luego, como dos locomotoras, chocaban el PRI más salinista que se recuerde y Morena.

En el contexto del informe presidencial, López Obrador, hacía unas horas desde su oficina donde despacha como presidente electo, había cimbrado al Congreso con la promesa de que promoverá cambios a la Constitución para que cambie a partir de su sexenio la entrega del informe presidencial, haya preguntas directas de los ciudadanos y debatan todos en torno de la administración pública.

Porfirio, en cambio, aseguraba que deberá presentarse otra vez el presidente de la República en un informe presidencial, y dejaba abierta la opción de cambiar el formato: Un formato donde se debata y se analice en serio lo que diga la presidencia de la República.

En su discurso de apertura del Congreso General, Muñoz Ledo hubo dicho: “Subrayo en esta ocasión la palabra honorable, porque pretendemos que el Poder Legislativo sea motivo de honor, y no de vergüenza, para nuestros compatriotas”.

Y aseguraba el viejo y muy ameritado político: “Vivimos hoy la refundación de la República. El pueblo de México nos ha otorgado a todos sus representantes el mismo mandato, aunque en funciones diferentes: La Cuarta Transformación del país, desde el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, hasta el más modesto de los servidores públicos. La tarea de reconstruir las instituciones nacionales, conforme a principios de austeridad, honestidad, transparencia, rendición de cuentas e integridad política”.

Y apostillaba: “Este será un Parlamento abierto a las necesidades y a la participación de la gente. Aquí tendrán cabida todas las demandas, pero no se perseguirá protesta alguna”.

Este 1 de septiembre de 2018 ya quedó como la primera vez que, en San Lázaro, un 1 de septiembre, quedaba hecho añicos el rito victoriano que hace muchos años instauró el PRI para ensalzar la figura presidencial.

45 diputados federales y un poco más de una docena de senadores priístas solo se recortaban como unas tristes sombras en pasillos, curules y patios. Y sin embargo, no se les puede regatear a los priístas su alta capacidad para el discurso y la oratoria… aunque ésta vaya a ritmo del tono de voz de un viejo conocido de México: Carlos Salinas de Gortari.

Hora de los posicionamientos. Claudia Ruiz Massieu –presidenta nacional del PRI, senadora por ese partido y sobrina del expresidente Carlos Salinas, a quien tildan de haber sido el orquestador del régimen neoliberal que concluyó el pasado 1 de julio-, dijo en la tribuna del Congreso: “Con respeto, con respeto y ánimo constructivo quiero decirles que la agenda progresista que impulsamos durante décadas desde la fuerza política que represento, y en la administración del presidente Enrique Peña Nieto, que ustedes rechazaron y criticaron como oposición, les va a servir de andamiaje cuando asuman la enorme responsabilidad de ser gobierno”.

Instante climático de la oratoria de la sobrina de Salinas. Y siguió: “Nosotros ya pagamos los costos políticos de la reforma hacendaria, y por ello tendrán finanzas fuertes sin la necesidad de aumentar impuestos. Pagamos los costos políticos de la reforma energética que ya genera miles de empleos y va a seguir generando más, y reducirá los costos de la electricidad y la gasolina para las familias mexicanas”.

Un vocerío contrario a Claudia Ruiz insufló el recinto. No tardó la respuesta. Ah poco, llegó en voz de Mario Delgado Carrillo, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, quien, inmisericorde, latigueó el lomo de la sobrina de Carlos Salinas, así: “O estamos en la noche de los cínicos o parece que aquí hay varios partidos que no entendieron el mensaje. Se necesita muy poca vergüenza para venir a decir aquí que por décadas han servido al país cuando se han servido del país y lo han saqueado. Entregan un país en ruinas”.

Atónitos, los priístas. Pero Delgado apenas comenzaba: “La gente se cansó de vivir con miedo, de la violencia creciente, de los muertos que se acumulan, de las extorsiones que se multiplican y del dolor insondable de las familias de los desaparecidos. Es una crisis de derechos humanos sin precedente. Un clamor recorre todo el país. Justicia. Justicia. Justicia. Justicia”.

Por los rictus que hacían, los priístas no se esperaban tamaño “zurdazo” como revire. Delgado continuó: “Nos regalan un andamiaje, una agenda progresista que nos va a servir. La gente votó en contra de eso, 30 millones de mexicanos votaron en contra de sus reformas estructurales.

“El pueblo ha votado por un cambio en la economía. En las tres últimas décadas México ha sido el alumno más aplicado de los organismos internacionales. Se adelgazó el Estado, se abrió la economía, se hicieron instituciones autónomas, se vulneró la propiedad de los recursos naturales del Estado, y seguimos con un crecimiento insuficiente, decepcionante, donde se acumulan los pobres y el salario cada vez alcanza para menos”.

Hervidero en el Pleno. La expresión de descaro de algunos priístas se borraba de tajo: “Hoy, con esta sesión de Congreso General”, insistía Delgado, “inicia la salida de la larga noche de violencia, estancamiento económico, pobreza y corrupción”.

Senado y San Lázaro se citaban para el martes, cada cual en su sesión.
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