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Juan Latapí
Juan Latapí
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29 Octubre 2017 03:10:00
Como ranas
DICE UNA METÁFORA QUE SI ponemos una rana en una cazuela con agua hirviendo, de inmediato saltará fuera; pero en cambio, si ponemos la rana en una cazuela con agua, encendemos el fuego para que paulatinamente la temperatura vaya aumentando, la rana no saltará y morirá sin darse cuenta.

Y TAL PARECE QUE EN estos días nos parecemos a esa rana, poco a poco nos hemos ido adaptando y tolerando situaciones injustas sin querer darnos cuenta, nos ven la cara y no decimos nada y mucho menos hacemos algo. Lo estamos viendo con todo el relajo de la remoción del fiscal de la Fepade, con todos los escándalos de corrupción en las altas esferas y en las recientes elecciones en Coahuila que ya quedaron marcadas con la duda y desconfianza.

VIVIMOS EN EL PAÍS DONDE nunca pasa nada aunque suceda de todo, un lugar donde primero se pavimenta y luego se introducen las tuberías, en donde se le tiene más miedo a la policía que a un ladrón, donde es mejor tener conocidos que conocimientos, un país en el que si un pobre roba lo llaman ladrón y va a la cárcel, en cambio, si un rico roba lo llaman cleptómano y va al psicólogo. Un país en el que la gente se exalta cuando se violan los derechos de sus mascotas pero calla cuando los derechos humanos son pisoteados.

VIVIMOS EN UN PAÍS EN el que están matando a quienes dicen la verdad mientras defienden a quienes nos llenan de mentiras, un país en el que si te roban y te defiendes golpeando al ladrón, quien va a la cárcel eres tú y no el ladrón, un país donde tal parece que un teléfono celular es más inteligente que muchos gobernantes, un país en el que la clase obrera no tiene obras, la clase media no tiene medios y la clase alta no tiene clase.

VIVIMOS EN UN PAÍS EN el que es más admirada la perra Frida que el mismo presidente, en un país experto en buscar culpables y no soluciones, un lugar experto en colgarse todas las medallas ajenas y nunca responsabilizarse, un país en el que a diario se caen la economía, la credibilidad, la honestidad y nadie dice nada, pero si se cae internet durante unas horas, todos pierden la cabeza. Un país obsesionado por los valores de fama, dinero y poder, un país en el que la solidaridad es la excepción.

VIVIMOS EN UN PAÍS EN el que ser corrupto es un honor, ser estudiante un privilegio, ser trabajador un milagro y ser político un negocio redondo, un país en el que ser pobre es humillante, ser mentiroso es una virtud, ser honesto un crimen, ser traidor te eleva, ser hipócrita es costumbre y ser simulador un arte. Un lugar dominado por las apariencias, donde se finge ser culto sin leer siquiera un libro al año, donde nos decimos partidarios de la honestidad, el orden y el respeto pero nos pasamos los rojos y damos mordidas disfrazadas de propinas.

VIVIMOS EN UN PAÍS INSEGURO pero minimizado por los discursos oficiales, donde en lugar de formar policías profesionales se le ha encargado injustamente la vigilancia a las Fuerzas Armadas, vivimos en un lugar con gobernadores autócratas que privilegian sus intereses particulares, un lugar donde los delitos sexuales y los suicidios van a la alza sin que las autoridades hagan algo al respecto, un lugar en el que la gente somos de segunda.

VIVIMOS EN UN PAÍS EN el que en vez de indignarnos y actuar para no dejarnos someter, estamos esperando que surja algún líder a quien seguir. Vivimos en un país que se asemeja a la fábula de Esopo Las Ranas pidiendo Rey, la que cuenta que las ranas cansadas del propio desorden en que vivían en su pantano pidieron a Zeus que les enviara un rey. Zeus les envió un grueso leño a su estanque. Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron. Por fin, viendo que el leño no se movía , fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se ensuciaban encima burlándose sin descanso. Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple tronco pidieron de nuevo a Zeus que cambiara al rey, pues este era demasiado tranquilo. Indignado Zeus les mandó una serpiente que, una a una, devoró a todas las ranas sin compasión.

ESPERAR QUE LA RESPUESTA Y la solución vengan de fuera no es opción que funcione, tampoco lo es seguir nadando en el agua a punto de hervir sin percatarnos y sin hacer algo. ¿Hasta cuándo?

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