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Héctor Horacio Dávila
Héctor Horacio Dávila
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21 Febrero 2018 04:00:00
Como siempre…
Han pasado ya muchos años y México no se ha podido subir a los movimientos tecnológicos o, como se dice, a “la ola tecnológica emprendedora”, pues existen ya muchas plataformas para no solamente ser usuarios y beneficiarse de ellas, sino aportar nuevas ideas a través de todo lo que sucede en el mundo en temas como energías sustentables, automóviles eléctricos, energía solar, energía eólica, mejor uso de la electricidad y en sí innovación en todos los campos.

Hay un capitulo muy interesante que fue el que se abrió al último en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte original y fue la agricultura, pues se comentaba que no tenía la infraestructura necesaria para abrirse en los primeros años del TLCAN y por eso lo dejaron hasta el último año del Tratado, o sea en el decimoprimer año. Y ahora resulta que también es uno de los temas fundamentales en esta nueva negociación del Tratado, donde Canadá y Estados Unidos quieren que se abra el mercado en su totalidad, pero esto va a traer muchas consecuencias, ya que en Canadá y nuestros vecinos de EU tienen un clima muy similar, ya que ambos países tienen tecnología, capital y mano de obra muy cara y dice la teoría económica que sobrevivirá el más fuerte y el más competitivo, y el perdedor se tendrá que dedicar a otra parte de la agricultura donde tendrá mejores resultados.

México no está preparado para abrir el mercado agropecuario y sabe que tiene que obligar a sus productores a modernizarse. La gran ventaja que tenemos es el clima y su mano de obra barata; nosotros producimos frutos, hortalizas, flores, condimentos, aguacate todo el año y lo exportamos. Canadá y Estados Unidos producen granos baratos en abundancia que requerimos en México. Y así salimos ganando todos en este acuerdo, por lo que en este nuevo acuerdo lo que no han visto es algo muy importante y que se les olvidó en el primer Tratado de Libre Comercio y además en el tratado de la reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial, el proyecto Marshall. Y ustedes me preguntarán, mis queridos seis lectores, ¿qué es?: con letras mayúsculas lo digo: EL FINANCIAMIENTO. ¿Qué significa esto? Que existe el dinero para poder comprar las tecnologías que tienen en Canadá y Estados Unidos y estar a la par con ellos en el nicho de mercado que ya mencioné anteriormente.

Es aquí, como siempre, que México no se ha subido a la ola tecnológica emprendedora, en el sector agropecuario, porque si ustedes no lo saben, ya hay drones que fumigan los campos a menor costo que con una avioneta; que existen máquinas recolectoras de producto sin utilizar mano de obra y también existe la termología para saber qué parte del campo tiene algún parásito, insecto, plaga o si le falta algún nutriente a la planta.

Es ahí donde tenemos que entrar en esta ola tecnológica universidades como la Antonio Narro, el Tecnológico y la UNI de Nuevo León, que tienen que empezar a meterse en la tecnología de punta. Señores, tenemos la oportunidad, no la desaprovechemos como siempre, vayamos construyendo un modelo como lo acaba de comentar el Tecnológico de Monterrey: “EN MÉXICO SUCEDEN LAS COSAS”. ¿Ustedes qué opinan?
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