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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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08 Septiembre 2016 04:00:46
Comonfort anda en apuros
Don Ignacio Comonfort, presidente de la República en aquel año de 1856, veía cómo el país iba a la ruina. En la capital los liberales puros seguían intrigando para quedarse con el poder. En todo el país se constituían cacicazgos que eran una amenaza constante para la paz y aun para la integridad de la nación. Santiago Vidaurri amenazaba en Nuevo León con engullirse a Coahuila; don Juan Álvarez hacía y deshacía, señor absoluto en las serranías del sur; Juan Antonio de la Garza tenía convertida a Tamaulipas en feudo impenetrable; Benito Juárez era el amo de Oaxaca.

Bien se daba cuenta Comonfort de que todo aquello sucedía en virtud del aberrante sistema federal que Poinsett logró imponernos.

Así, quiso hacer que el país volviera al sistema central. Junto con sus ministros moderados, especialmente con don José María Lafragua, elaboró un proyecto de legislación al que dio el nombre de Estatuto Orgánico, el cual tendría el carácter de una Constitución provisional mientras se elaboraba la que los diputados debían redactar. Nunca tal cosa hubiera hecho don Ignacio. Los puros montaron en cólera. Acusaron al presidente de usurpar la función de legislador, de traicionar el Plan de Ayutla, de pretender liquidar al federalismo, con lo que “... provocaba resistencias terribles y justísimas en los estados, a los que pretendía reducir a la miseria, a la nulidad, y a la más humillante y oprobiosa tutela...” (O sea, digo yo, exactamente a la situación en que los estados de la República se encuentran ahora).

Al pobre de Lafragua se le vino encima el mundo. En la Cámara un tal diputado Escudero dijo de él: “... Acaso su único objeto ha sido satisfacer su vanidad con la gloria, más vana todavía, de que (al Estatuto) se le llame la Constitución-Lafragua; pero su señoría ha ganado con su obra maestra la celebridad, el renombre del incendiario del templo de Diana en Efeso...”. Menos culto, pero más violento se manifestó don Santiago Vidaurri, el hombre fuerte de Nuevo León. Escribió en una dura misiva a don José María: “... Me permitirá que le diga que no es usted el célebre liberal Lafragua en cuyos escritos podría cualquier republicano buscar los principios más luminosos del liberalismo. Desearía yo que comparara usted ese Estatuto con lo que ha escrito, y entonces vería que me es indispensable suspender la publicación de esa ley que no puede en manera alguna cuadrar a la República ni ser conforme con las ideas proclamadas por la revolución y acogidas con entusiasmo por los pueblos...”.

Murió, pues, antes de nacer el famoso Estatuto Orgánico de don Ignacio Comonfort. El presidente se vio obligado a retirarlo ante las amenazas provenientes lo mismo del Congreso, dominado por los puros, que de los caciques que con el centralismo veían amenazada su preponderancia. Demostró así el presidente la debilidad de su gobierno y abrió la puerta a los males que luego habrían de sobrevenir.

Ya no se detuvieron los “puros”, engallados por aquel triunfo. Lograron la destitución de don Manuel Payno, quien desempeñaba la cartera de Hacienda y que pertenecía al partido moderado, y pusieron en su lugar a don Miguel Lerdo de Tejada, terrible jacobino. Este don Miguel fue uno de los que fueron a Turbaco, en Colombia, a traer a don Antonio López de Santa Anna. Ahora se aparecía como extremado liberal, y así figura hasta ahora en el gubernamental panteón.
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