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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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08 Diciembre 2016 04:00:00
‘¡Compatriotas!’
Aprended, flores, de mí / lo que va de ayer a hoy / que ayer maravilla fui / y hoy sombra de mí no soy...

Chía-Chía. ¿Cómo era ese panda de la media cuenta secreta. Feo, cascorvo, pelón, orejón, rostro asimétrico chicoteado de tics. Pero, mis valedores: quién como ciertos periodistas, reporteros y artistas de la lente para trasformar un redrojo en toda una fina estampa, y un mísero cocuyo en el Quinto Sol, y un gusano en crisálida, y un oso panda en rey del zoológico. Esto durante 6 años justos, que con él resultaron injustos de punta a rabo. El matutino:

“El gran movimiento en el aeropuerto fue motivado por el arribo de Chía-Chía, que llegó de Chicago. De inmediato fue transportado al zoológico de Chapultepec, donde fue colocado en un albergue aislado en tanto se aclimata y se acostumbra a sus nuevos compañeros”.

(A los que nunca logró acostumbrarse: Colosio, los Ruiz Massieu, más de 300 perredistas de los honestos de la base social, no de los chuchos colaboracionistas y migajeros). Después íbamos a comprobar que de Chicago se trajo las mañas y mafias de Al Capone. Que venía a “contraer nupcias” con alguna osa mexicana. ¿A contraer nupcias? ¡A violarla, vejarla, desflorarla y saquearla, y empobrecerla todavía más, padrotillo válido de la ocasión! Hoy sigue engullendo, con toda su parentela, las buscas de media cuenta secreta y más.

Mis valedores: ¿No es cierto que ese Chía-Chía nos vino a resultar un panda de muy buenas acciones... de teléfonos, que luego malbarató “al amigo Slim”, uno de sus tantísimos prestanombres? No, y aquel benemérito Canal 13, por aquel entonces propiedad del Estado, que más tarde el
panda Raúl.

Tales animalejos, ayer consentidos en el zoológico, hoy no son ni su sombra, pensaba yo, pero qué equivocado estaba, porque dije cuando el panda “compatriota” cayó de su pedestal: ¿Qué fue del Chía-Chía, qué es de él en este día? Después de arrastrar por La Habana y Dublín su estigma de judío errante, hoy, como ayer, Chía-Chía es animal execrado, vilipendiado, expulsado de su jaula, del zoológico, de todo Chapultepec. Equivocado estaba.

Porque aquí lo inaudito, lo que debería avergonzarnos: aborrecido por los visitantes del zoológico instalado en Los Pinos, Chía-Chía anda moviendo sus influencias para manejar, una vez más como hace años, a todo el animalero de miércoles ante el que fue el rey, el pavo real de todo el gallinero. El aborrecido dañero quiere volver, y acá bajita la mano lo está logrando como en los tiempos aquellos en que se desgañitaba, vocecilla de pito de calabaza:

–¡Mother–nización, compatriotas! ¡Pronasol!

¿Pero nosotros, en tanto? Ah, qué nosotros.

Habría de venir más tarde un cierto oso panda que a todos nos pasó a pandear. Inofensivo parecía, e insignificante tras de sus antiparras, pero el felón enseñó las uñas y nos resultó, con Echeverría, el peor, porque nos embombilló Fobaproa, rescate carretero y una deuda externa inflamada como maligno tumor. No por propia iniciativa nos pasó a tiznar, que sólo acató las órdenes de su domador, un tío Sam del que el panda vivió, por el que vivió, con el que vivió y vive hoy día, donde el tío lo tiene y mantiene domesticado en la jaula –de oro– de algún zoológico en Washington. Dándole el pan en la boca.
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