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Carlos Oswaldo Orta
Carlos Oswaldo Orta
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28 Febrero 2017 03:00:00
“Comprar” un campeonato
En 2011, Hollywood decidió llevar a la pantalla la vida profesional de Billy Beane, el famoso gerente general de los Atléticos de Oakland, desde su vida como beisbolista hasta el punto donde su método casi científico convirtió un equipo más bien mediocre, en un contendiente al título en las Ligas Mayores.

Al final de esa historia, se ve a Beane acercándose al dueño de los Red Sox quien le ofrece un contrato millonario que este rechaza para seguir con su equipo.

Lo que esta historia no muestra es que luego de que Beane declinara, el ahora famoso Theo Epstein tomó las riendas y en solo dos años llevó a los Red Sox a conquistar su primera Serie Mundial en 86 años.

Epstein, quien el año pasado repitió su hazaña como gerente general pero ahora con los Cachorros de Chicago, utilizó en gran parte la fórmula que Beane había patentado en Oakland, priorizando a jugadores que cumplieran con el propósito de embasarse contrario al tradicional sistema de estadísticas y espectacularidad.

Desde ese año Boston ha ganado tres series mundiales y los Atléticos siguen sin poder ganar más de dos series en postemporada.

La diferencia es que, a pesar de que el método que inspiró Moneyball es útil y en realidad logra potenciar a jugadores y a la misma organización, carece de algo que el equipo de Boston tiene: dinero, mucho dinero.

Durante muchos años, los Red Sox intentaron seguir el paso de los Yankees para alcanzar su éxito, gastar millones en contrataciones y esperar a que los súper estrellas logren el cometido, pero no hubo éxito.

Cuando algo no funciona debe cambiar y fue precisamente eso lo que se hizo en Boston.

Pero si algo no debía cambiar en rival de Yankees era la manera en que trataban y consentía a sus jugadores, algo que el equipo de California muy pocas veces podía hacer.

Ese ingrediente secreto que faltaba a Beane fue hallado de inmediato por Epstein, jugadores funcionales pero baratos, pero con un elemento que pocos tenían: estrellas que recibían millonadas año con año

Ahora, en nuestro ese fenómeno se revive con los equipos que aspiran a dominar la Liga Mexicana de Béisbol. Tijuana, Monclova, Laguna y Yucatán tienen el poder económico para hacer una mezcla de talento con estrellas, pues garantizan con dinero, que eso se mantendrá durante varios años.

La fidelidad y romanticismo que muchos aficionados quieren dar al deporte, no aplica en el profesionalismo. Un pelotero (o cualquier deportista a ese nivel) no es muy distinto a un trabajador común y corriente, si recibe buen trato, billetes e incentivos y respeto, entregará mejores resultados.

Es difícil que si un pelotero recibe una oferta económica fuerte, seguridad de vivienda, protección para su familia y uno que otro gusto excéntrico rechace una oferta.

En tres y dos

Aunque los movimientos que ahora hace Monclova pueden ser criticados, por desmantelar un equipo “hermano”, son los que la mayoría de los campeones en México y en Major League Baseball han hecho durante los últimos años.

Si el método ha logrado romper las dos maldiciones más largas en las mayores, con Chicago y Boston celebrando después de décadas de frustración, porque no habrían de hacerlo en una liga AAA.

Tal vez ahora, el aficionado que alguna vez sufrió por ver a su equipo perder a su mejor pelotero y esfumarse campeonatos, podrá sentir lo que en realidad es “comprar” un campeonato.
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