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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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08 Abril 2017 04:00:00
Con la mirada al cielo
“Dios está en todas partes” o “Dios observa lo que haces”, eran frases que escuchábamos de niños por parte de mamá o abuelas. Lo decían convencidas cuando nuestro comportamiento no era el adecuado. Una invitación a portarnos bien sin más amonestación que recordarnos el respeto que Dios merece.

Gran diferencia de aquella consigna de que “Dios te va a castigar”, que era utilizada por no pocos adultos para infundir cierto temor a los niños.

Con el tiempo aprendí que Dios no castiga, Dios es solo amor y desea lo mejor para cada uno de nosotros. Si estamos hechos a imagen y semejanza de Él, deberíamos de ser buenos y en nuestro corazón debería prevalecer solo el amor.

¿Qué sucede? ¿Por qué hay tanto dolor? Quizás porque no hemos querido darnos cuenta de que estamos ofendiendo a Dios con actitudes nefastas.

No se entiende porqué razón existen guerras y se habla de paz; no se comprende por qué se pretende imponer el poder por el poder mismo y no por la razón.

¿Hacia dónde está siendo llevada la humanidad? Me resisto a creer que a su propia destrucción.

Algunos países son gobernados por individuos que en ocasiones el pueblo no ha elegido. Imponen sus ideas y no aceptan sugerencias. En otros gobiernos llaman “democracia” a lo que lejos está de serlo. El pueblo se rebela ante la desesperación, ante una crisis provocada por un mal gobierno.

La testarudez de individuos que quieren imponer su ley por la fuerza, genera violencia. Es inaceptable que un pueblo sea sometido y masacrado por quienes desean el poder a toda costa.

Un buen gobierno no somete jamás; ofrece bienestar a sus gobernados. ¿Qué estamos viendo en naciones consideradas democráticas? La imposición del poder por la fuerza. La proliferación de bandas delincuenciales; sometimiento de gobiernos al entregar a grupos criminales ciudades antes tranquilas. Es decir, poder y dinero para unos; desolación, tristeza y hasta hambre para la mayoría.

Corruptelas de traidores; posicionamiento de dictaduras para gobernar con impunidad.

Año con año se revive la Pasión de Cristo. Se recuerda el sufrimiento y dolor del Hijo de Dios hecho hombre que vivió entre nosotros y murió por nosotros.

Al observar todo lo que está sucediendo en el mundo, nos damos cuenta que los seres humanos han olvidado algo muy importante: Amar a Dios y respetar al prójimo.

Cada quién quiere imponer su ley; se siente el dueño de todo y vigilante del mundo. No son capaces de mirar al cielo. Se dejan llevar por la satisfacción personal, ya sea en los bienes materiales, en armas cada vez más sofisticadas y peligrosas.

Aunque de gran riesgo es también aquel que se sienta o se considere un dios, movido por una locura, por el ego o por su propia frustración que lo lleva a tomar decisiones sin medir consecuencias.

Consecuencias que habrán de poner en riesgo a todos, no solo a un país. Una acción –lo sabemos– conlleva otras acciones. Por lo tanto, una agresión promoverá más situaciones de violencia.

Estamos conscientes que en la actualidad no salen a relucir las armas únicamente. La creatividad del ser humano va más allá. Le apuesta a la destrucción, a la muerte, a hacer daño a sus semejantes y algunos, peligrosamente lo hacen en nombre de SU dios.

Armas químicas, destructoras de vidas humanas, dejando a su paso una estela de muerte, de soledad y de total agresividad al medio ambiente.

Se promueven Cumbres con la presencia de la ONU y de mandatarios para ofrecer alternativas de paz. No obstante a todo el dispendio, de los discursos, de las propuestas, las guerras continúan.

Y se vuelven a organizar reuniones para ver qué se puede hacer.

Nada habrá de lograrse mientras las actitudes no cambien. Mientras exista ambición desmedida por imponerse sin respetar a los demás. Mientras prevalezca la lucha por un pedazo de tierra sin que brille la razón. Mientras en el corazón de cada gobernante y cada individuo haya odio, soberbia en vez de amor y respeto a todo y a todos, la paz estará lejana.

La reflexión se impone en estos días; dedicar unos minutos para pedir a Dios por la paz del mundo; pedir que los corazones endurecidos de quienes gobiernan y toman decisiones se sensibilicen. Que las organizaciones que supuestamente fueron creadas para mantener la paz, busquen alternativas de entendimiento para encontrar soluciones reales y no pongan en riesgo a la humanidad. Todos debemos esforzarnos por construir un mundo mejor, empezando por hacerlo desde cada hogar.

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