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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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21 Enero 2017 04:07:00
Consecuencias de absurdos innegables
Lo acontecido esta semana en el Colegio Americano del Noreste, en la ciudad Monterrey, Nuevo León, donde un estudiante llevó una pistola y disparó contra tres compañeros, su maestra y contra sí mismo, nos obliga a hacer un alto en el camino, despierta la consciencia social y nos provoca reflexionar sobre la factura impagable que contrajimos al permitir una serie de absurdos innegables en nuestra sociedad.

Este suceso no es el primer caso que nos haga comprender cómo la violencia afecta a los niños en su ambiente social, escolar y familiar. Este no es un acontecimiento pasajero ni único por muchas razones como las históricas, las de índole social que surgen del cinismo, del fomento al individualismo, de la frustración social, de alimentar sociedades en un consumo salvaje, de la ingobernabilidad y de la impunidad.

Es evidente que diversos factores: biológicos, piscológicos, sociales, ambientales pudieran contribuir a que este niño tomara esta infortunada acción y sabemos que factores como la pobreza, la delincuencia, la crisis social, la inseguridad, la falta de oportunidades educativas, la restricción de programas culturales y deportivos, afectan los procesos de socialización del ser humano.

Hoy, lo que conmueve, daña e indigna a los ciudadanos es ver cómo los seres más vulnerables de nuestra sociedad, los niños y adolescentes, son afectados por el ambiente violento generado por la misma sociedad y que los desampara y desalienta en su esperanza de tener un buen futuro.

La seguridad ciudadana comprende una noción de ciudadanía, es decir, es la capacidad de los ciudadanos como agentes activos, no pasivos que deben contar de la seguridad social, responsabilidad del Estado: La tranquilidad, el empleo, la educación, la salud. Pero en México esta seguridad está eliminada. La lucha que libramos los ciudadanos día a día, radica en sobrevivir no gracias a, sino a pesar de las instituciones gubernamentales, lo que resulta un absurdo.

Es absurdo que nuestros gobernantes no pongan en marcha una política pública que mitigue la violencia social que ellos infundieron y hoy la niñez mexicana reciente. Siete de cada 10 alumnos en el nivel básico de educación en México han sido víctimas de violencia escolar. La cifra está fundamentada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y posiciona a México como el primer lugar mundial en violencia escolar.

En consecuencia, los seres más vulnerables de una sociedad, los niños y adolescentes, se encuentran desconectados de una educación civil y colectiva. ¿Cómo se puede salvaguardar la integridad de la niñez mexicana? Aurelio Nuño anunció que en dos meses presentará un plan de habilidades socioemocionales, estrategia integral para prevenir conductas de riesgo, reducir la violencia escolar, y empoderar a los jóvenes para que tomen decisiones de manera asertiva. Yo, le incito a leer, leer y comprender la Constitución Mexicana que es muy clara sobre como llevar la educación del país, que se ajuste a ley y de postre se sirva de desarrollar la habilidad socioemocional. El Artículo 3° de la educación señala:

La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano, fomentará en él a la vez el amor a la Patria, el respeto a los Derechos Humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia. Se procura la formación en Derechos Humanos de los niños, jóvenes y adultos, en búsqueda de la comprensión y la observancia de la materia.

La legislación vigente establece las condiciones para proporcionar una educación de calidad, justicia y equidad. Esta labor es una de muchas políticas públicas que siendo ley nos obligan y, sin embargo, no se practican.
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