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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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10 Julio 2018 04:00:00
Contentos; descontentos
Si sumamos los resultados de votos que obtuvieron los tres candidatos, ahora de la oposición, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez (“El Bronco”), descubrimos que el total asciende a 24 millones 861 mil 705. En cambio, 30 millones 113 mil 483 ciudadanos se inclinaron por Morena. De ahí que concluyamos que actualmente existen dos universos respecto a las pasadas elecciones: los contentos y los descontentos.

Los contentos: La mayoría se sienten en paz y particularmente jubilosos. Para muchos de ellos, es la primera vez que por fin gana la Presidencia su candidato. “No lo puedo creer”, aún exclaman estos incrédulos. Hemos de decir que son los mismos que llevan votando por la izquierda desde la época del PSUM o de Rosario Ibarra de Piedra, la primera candidata mujer a la Presidencia. Son los mismos que acompañaron al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas en cada una de sus postulaciones por el PRD y, naturalmente, son los mismos que votaron por AMLO en 2006, 2012 y 2018. Para ellos este triunfo ciudadano no tiene parangón. Por fin contó su voto, no hubo fraude y se pasó a la transición pacíficamente, gracias a que los contendientes de AMLO asumieron dignamente su derrota. Cuando el 1 de julio conocieron las tendencias de los resultados cerca de las 10 de la noche, de inmediato se fueron con toda la familia al Zócalo. Algunos llevaron tambores, banderas, matracas, sombreros de paja y máscaras de AMLO. Transformada su cabeza en su líder, se tomaban selfies con otros entusiastas. También andaban por allí algunas máscaras de Salinas con su calva y sus orejotas. Los más escandalosos no dejaban de entonar La Bamba de AMLO, cuya letra empieza diciendo: “Despierta. Hoy dedico la bamba para la gente que mira de frente, que quiere un Presidente que sea decente, ay, arriba y arriba con la razón, que la gente ya quiere transformación…”. Muchos, a esa hora, todavía no se enteraban de que el 53% de votantes ya habían elegido al nuevo Presidente. No fue sino hasta la medianoche, cuando apareció en el templete López Obrador, acompañado de su familia: “Amor con amor se paga, así como ustedes me quieren a mí, les quiero yo a ustedes y un poquito más todavía”, fue la frase con la que remató Andrés Manuel antes de irse a su casa, esta vez sí, como Presidente electo de México. Al otro día, muchos de estos “contentos” regalaron cupcakes, tacos, cervezas que habían prometido si ganaba AMLO. La consigna ahora es pedir plantar un árbol o donar 100 pesos para comprar una refinería. ¿Cuánto es 100 por más de 30 millones?

Los descontentos: La mayoría está furiosa, especialmente los priistas (ni para qué hablar de Carlos Salinas de Gortari). A muchos todavía no les cae el “veinte” y se resisten a creer que los resultados de las elecciones fueron transparentes. Por más que sigan las mesas redondas en la tele y escuchen a los politólogos hablar de qué manera triunfó la democracia en estas elecciones, no pueden superar el sospechosismo. “Nos vieron la cara –declaran a la menor provocación o mandan Whatsapp a sus amigos–. Todo estaba pactado con el PRI para que ganara López Obrador. También los empresarios pactaron. Qué casualidad que todo pasara sin el menor contratiempo. Me contaron que dos meses antes, Peña Nieto pidió que le llevaran a Los Pinos las verdaderas encuestas; al darse cuenta de que su candidato seguía en tercer lugar, dijo: ‘ya no hay nada qué hacer más que dejar que gane López Obrador. Que ningún priista meta las manos en el proceso electoral. Ya perdimos’”. Al ver su fracaso, muchos priistas votaron por Morena, especialmente en Veracruz, estaban enojados con su candidato y con EPN. Por eso el Presidente se veía tan tranquilo en Palacio cuando López Obrador lo fue a ver; actuaba como el gran demócrata. Parecían íntimos amigos. Claro, ya habían pactado...

Los anayistas están igualmente contrariados. Su decepción es tan grande como eran sus expectativas con el candidato del voto útil. Por eso muchos panistas, e incluso aquellos que votaron por él, ahora opinan que debe dejar la dirigencia del PAN. Para ellos, Anaya ya perdió toda credibilidad. “Si perdió fue por su sonrisita hipócrita y mustia. Ha sido el peor candidato del PAN a la Presidencia. Qué vergüenza”, vociferan los “frentistas” totalmente defraudados.

Tememos que entre contentos y descontentos tal vez pasará mucho tiempo para que efectivamente exista, entre ellos, una verdadera reconciliación...
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