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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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21 Abril 2018 04:00:00
Contestarle al jefe
Aquí lo hemos dicho muuuchas veces: el debate es imprescindible para innovar. Y en la era de la disrupción, la organización que no innova está condenada a desaparecer. Es sólo cuestión de tiempo. ¿Y quién es el principal responsable de promover un debate frontal, respetuoso y que sea sobre ideas y no sobre personas? Seguro ya adivinó: el jefe. Es imposible discutir si el mero mero siempre tiene la razón, es intransigente, premia al lambiscón y castiga al disidente inteligente.

Aunque esto es totalmente cierto, hoy tomaré la perspectiva del colaborador, del empleado. ¿Cómo puede contradecir al jefazo? ¿Cómo plantearle ideas distintas? ¿Cómo “contestarle bien”? Le propongo 5 recomendaciones básicas:

1. Elija sus batallas. No se puede discutir todo. Con nadie. y menos con el jefe. Decidir qué debatir es clave. Aprenda a dejar pasar cosas triviales. Piénselo bien y sea selectivo.

2. Escoja el momento. Evite hacerlo cuando están caldeados los ánimos. Es mucho mejor cuando exista tranquilidad y no haya presión de tiempo. Ah, y mucho mejor si el jefe está de buen humor. Otro truco: hágalo a la vez que le da al superior una noticia buena.

3. Cuide sus argumentos. Datos más que sentimientos. Use “benchmarks”. Tenga varias opciones. Sea creativo.

4. El camino es largo: ajuste en el tiempo. No todos los debates se ganan en un round. Quizá alguna de sus propuestas se puede incorporar poco a poco en el tiempo.

5. Aprenda a manejar al jefe (en el buen sentido de la palabra). Conozca cuando está de malas y cuáles son los “botones” que lo molestan. Evite presionarlos y “contestar” cuando no conviene.

Excelentes, ojalá le sirvan. Pero igual (o quizá más) de valioso es lo que no se debe de hacer. Aquí le van tres sugerencias clave:

a) No contradecir (o exhibirlo) en público. Nunca lo humille porque le puede costar muy caro. Cuide su temperamento y por ningún motivo haga corajitos o tenga arranques de cólera.

b) Que no todo mundo sepa que no está de acuerdo. Como dice el refrán: la ropa sucia se lava en casa. Resuelva los desacuerdos con su superior en privado, y lo más rápido posible.

c) Entercarse: si ya le escuchó y decide otra cosa, apoye y contribuya. Las estructuras jerárquicas pueden molestar, pero ahí están. El jefe tiene la última palabra. Ah, y en un desacuerdo, literalmente, deje que él/ella digan esa última palabra.

Cierro con tres reflexiones.

Primera: sea flexible pero no comprometa principios éticos o morales. Pero, OJO, porque eso de “es que así soy yo”, NO es un principio (y vaya que me ha tocado ver cómo se usa). Es una excusa para no cambiar. Y el que permanece estático se estanca.

Segunda: si nunca lo escuchan y no aprende, considere moverse dentro o fuera de la empresa. Pero piénselo bien: considere su edad y nivel de remuneración. A más años y más paga, más cuidadoso se debe ser al contemplar un cambio.

Y tercera, si la regó o tuvo un desacuerdo con el jefe, tome usted la iniciativa para corregir y/o aclarar. No es responsabilidad de su jefe, es suya.

Recuerde: tiene mucho más que perder. Nunca le convendrá que su superior esté disgustado con usted. Nunca deje que la herida se profundice o, peor, se vuelva incurable.

Jeffrey Pfeffer, profesor de Stanford y experto en tácticas para acumular poder, tiene una frase excepcional en uno de sus libros: para ganar poder, las relaciones son tan importantes como el desempeño.

Y luego remata: “Sobre todo una relación: la de tu jefe”. Sabiduría pura que he podido comprobar al 100% en mi experiencia.

Sólo añadiría un colofón final: conforme se avanza en una jerarquía, el manejo de la relación con sus superiores se vuelve más delicada.

Esto es algo natural, porque conforme usted progresa, sus jefes serán también cada vez más poderosos.

Ojalá que su carrera sea siempre ascendente y que estos consejos prácticos le sirvan algo para saber cómo y cuándo debatir con el jefe. Suerte en el trayecto.

EN POCAS PALABRAS

“Hay dos razones por las que alguien puede sentirse muy confiado: si sabe mucho o si no sabe nada”, Charles Darwin.


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