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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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31 Julio 2018 04:00:00
Contra campesinos
Francisco Bolívar Zapata, eminente bioquímico mexicano, investigador emérito de la UNAM, miembro del Colegio Nacional y ganador del Premio Príncipe de Asturias, llegó al estudio de La Entrevista con Sarmiento con dos cajas de cereal etiquetadas en inglés. Durante el programa tomó hojuelas y las engulló: “Este es maíz transgénico importado de Estados Unidos”, me dijo. “No tiene insecticidas. Es un maíz mucho más adecuado. Aquí el maíz no es transgénico, porque está prohibido, y se usan los insecticidas, que son terriblemente dañinos a la salud y contaminan el medio ambiente”.

Esta declaración confunde a quienes han aceptado que los transgénicos son malos para el ambiente y la salud, como sostienen algunos grupos conservadores, entre ellos la multinacional Greenpeace. Por eso, en 2016 un grupo de más de 100 ganadores del Premio Nobel invitaron a “Greenpeace y a sus simpatizantes a reexaminar la experiencia de granjeros y consumidores en el mundo entero con cultivos y alimentos mejorados a través de la biotecnología, a reconocer los hallazgos de los organismos científicos respetados y las instituciones regulatorias y a abandonar sus campañas en contra de los AGM [alimentos genéticamente modificados]”.

En México prevalece el pensamiento anticientífico. Está prohibido el cultivo de maíz transgénico, aunque importamos millones de toneladas de Estados Unidos. La Suprema Corte ordenó en 2015 suspender el cultivo de soya transgénica en Campeche, con el argumento de que no se había hecho una consulta a la población indígena; pero los resultados son que no se ha hecho ninguna consulta, se acabó el cultivo de soya en el estado y se incrementaron las importaciones de soya transgénica.

La decisión de Andrés Manuel López Obrador de designar a Víctor Villalobos como próximo secretario de Agricultura pareció señalar un cambio de rumbo. Greenpeace cuestionó el nombramiento al considerar que “su currículo tiene una marcada tendencia a favorecer los intereses de la industria biotecnológica y a menospreciar a los detractores del acaparamiento corporativo y la devastación ambiental”. Otro factor de optimismo era el papel de Alfonso Romo en el equipo del virtual presidente electo. Si alguien conoce de transgénicos es Romo, quien fue dueño de Seminis, la principal productora de semillas en el mundo, que vendió a Monsanto en 2005.

Las primeras declaraciones de Villalobos sobre el tema, sin embargo, muestran que el nuevo régimen ha cedido ante los grupos retardatarios. “No se van a sembrar semillas transgénicas en este gobierno”, declaró al salir de una reunión con López Obrador el 26 de julio. “Lo que vamos a hacer es trabajar con herramientas tecnológicas convencionales”.

Las semillas transgénicas no incrementan mágicamente la producción, pero sí reducen el uso de pesticidas. Si bien Villalobos llega al cargo con el mandato de lograr la autosuficiencia alimentaria, la restricción nos hará seguir importando grandes cantidades de maíz, soya y otros productos transgénicos.

Es lamentable que el nuevo gobierno se niegue a escuchar la voz de la razón y de la ciencia. “No existe una sola evidencia de daño por el uso de organismos transgénicos y sus productos”, ha escrito el doctor Bolívar. “Todos los señalamientos y las publicaciones de supuestos daños a la salud, al medio ambiente o a la biodiversidad son infundados. Nos parece injusto e inmoral que los agricultores y los campesinos en México no puedan optar de manera sencilla por la biotecnología”.

HOMICIDIOS

En 2017 se registraron 31 mil 174 homicidios, 25 por cada 100 mil habitantes, en México (Inegi). Son las peores cifras cuando menos desde 1990. Siria, un país en guerra, tuvo sólo 10 mil 204 muertes civiles en 2017.
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