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Gabriel Martínez García
Gabriel Martínez García
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Editor de la sección de Negocios de Periódico Zócalo Saltillo

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20 Junio 2016 03:00:23
Coparmex levantó la mano
Durante la semana que recién terminó se dio en México un hecho histórico, que si bien debería tener temblando a la clase política, que con nada parece amedrentarse para dejar de lucrar con el poder, sí debe llamar a la reflexión a todos los ciudadanos.

Y es que presidentes de las delegaciones de Coparmex de todo México, encabezados por su líder nacional, Gustavo de Hoyos, se reunieron en el Ángel de la Independencia para manifestarse en contra de los legisladores que “rasuraron” y modificaron a su conveniencia la Ley 3de3 y el Sistema Nacional Anticorrupción.

Quizá los ciudadanos no le dieron mayor importancia porque esa manifestación fue pacífica y en orden, no cerraron calles, no afectaron el tráfico, no dañaron el monumento a la Independencia, no lapidaron edificios y tampoco obligaron al cierre de comercios.

Y es que mucha gente no se dio cuenta porque no bloquearon carreteras federales, no incendiaron autobuses, no retuvieron policías, no secuestraron patrullas ni “trasquilaron” profesores.

Fue una manifestación en paz para decirle a la ciudadanía que los diputados y senadores (así, con minúsculas) hicieron lo que quisieron de una Ley 3de3 surgida de una corriente ciudadana que reunió más de 630 mil firmas en todo el país.

A pesar de la “descalabrada” que sufrieron muchos partidos en las recientes elecciones del 5 de junio, sobre todo el partido en el poder, parecieron ponerse de acuerdo para no dejar pasar una ley que vendría a cortarles muchos privilegios y canonjías, y que pondría en peligro sobre todo la posibilidad de seguirse enriqueciendo a costa del erario.

Las excusas de los senadores que votaron en contra o de quienes no votaron fueron desde infantiles hasta ridículas, como la de que, según ellos, la implementaron para obligar a los empresarios a cumplir el doble de los compromisos que a ellos se les estaba exigiendo.

Es una pena, pero la clase política, en lugar de aprobar por unanimidad una ley que vendría a ser una herramienta contra la corrupción, la defendió como López Portillo quiso hacerlo con el peso en su tiempo; así, ha dejado una imagen de una verdadera “delincuencia organizada”, que se hubiera visto muy afectada si sacaban la ley tal cual fue propuesta.

Bien por la Coparmex, que ha dado un ejemplo de congruencia; mal no sólo por la clase política (que se niega a dejar de lucrar con los cargos públicos), sino por la Concanaco, Concamin, Canacintra y demás organismos cúpula, que ya deberían estar haciendo un frente común con la Coparmex en esta lucha contra la corrupción.

Está claro que si alguien en México puede hacer cambiar las cosas, ese alguien son los empresarios.
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